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Trozos de cazuela compartida

 

TEXTO DE JOSÉ LUIS V. FERRIS

 Escribir estas palabras para un poeta que poco o nada tiene que ver con mi generación, meditar acerca de lo que, en apariencia y de hecho, dista mucho de los supuestos poéticos que nutren a los jóvenes de la última promoción lírica, podría acarrear no pocas reticencias. Sin embargo, hay verdades que van más allá de lo que ciega, palabras que nos tocan la fibra y desbaratan cualquier prejuicio estético.

 Tal es el mundo que Mariano Estrada despliega en este libro. Su capacidad de evocar, de trasladar al lector a ese ámbito tan de su memoria y suyo, a esos sueños que le continúan latiendo en el alma y que ahora comparte con la misma llaneza de quien desmiga el pan tierno para darlo, esa capacidad, insisto, es su principal e innegable virtud. Pero a esto hay que añadir su puntual y acaso natural forma de trabajar el lenguaje, su gracia para no prestarse al simple juego emocional, a la trillada sensiblería, para ir más allá..., hasta el límite de la palabra nueva que funda nuevos espacios, nuevas formas de afrontar la realidad perdida, de ofrecerla y ofrecerse.

 En este libro que el lector tiene ahora en sus manos hay mucho de ello, de palabra verdadera, de voz propia, de hombre auténtico que, entre otras cosas, cree en la vida y apuesta por el amor en su sentido más amplio como fórmula de salvación, como argumento máximo y esencial sin el que, ni el poeta ni, posiblemente, ninguno de nosotros, seríamos nada.

 

                                                            José Luis V. Ferris

 

TROZOS DE CAZUELA COMPARTIDA

                             A mi madre,
                             que hizo posible la cazuela.

Quien haya estado al fuego de un madero
hilando corazón, ceniza y brasa,
¿adónde mirará sino a la casa
que vive en los vapores de un puchero?

¿Adónde mirará sino al caldero
que cuelga de la noche por un asa?
¿Y qué recordará si no traspasa
los muros, los balcones, el alero?

Yo vuelvo a la niñez por el sendero
del gato, del vasar, de la tenaza...,
testigos del amor y de la vida.

Y vuelvo a ser feliz junto al leñero,
hilando humanidad con pan de hogaza
y trozos de cazuela compartida.

 

MI CORAZÓN

Mi corazón está atado
al aldabón de la puerta;
paciente como una mula,
callado como una piedra

¿A quién espera?

A nadie.
Tan sólo sueña.

Los fríos no lo entumecen,
los vientos no lo cimbrean.
Está montado en sus años
y no le duelen las piernas.

¿De qué se nutre?

Del aire.
De la más pura inclemencia.
De los templados calores
de la inocencia.

Mi corazón es el sueño
de una verdad de las buenas:
la juventud sin dinero,
la cuna, la adolescencia,
el hombre con la palabra
y no tan sólo la lengua.

Por eso tengo amarrado
mi corazón a la puerta.
Aquí viví con los hombres
una verdad sin caretas.

Y... ¿qué hay más cierto que el sueño
de una verdad que es eterna?

Otras Obras del Autor:
Alimentando Lluvias Hojas lentas de otoño Desde la flor del almendro Azumbres de la noche
Paco Llorca Mitad de amor, dos cuartos de querencias Tierra conmovida El cielo se hizo amor

De fondo suena Partita nª3 in E for solo violin BWV 1006.  V.- Gavotte en rondeau, Menuet II interpretado por Vanessa Mae, si te gusta descargala AQUI

 

 
     


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