El
próximo mes de mayo, que es el mes de las flores, celebraremos el noveno
aniversario de la muerte de Paco Llorca. Este artículo, publicado en el
Información de Alicante, pregonaba los actos con los que celebramos el
octavo.
Impregnado
de luz y de abundante mar en esta hermosa mañana mediterránea, reposo la
mirada en el matojo de gitanillas de mi pequeño jardín, rabiosamente
florido. Previamente, en una acto de pura voluntad, he dejado en la cama
el necesario desperezamiento y, con él, la desidia que sigue al abandono
momentáneo del trabajo, ya hace tiempo instalado en nuestra vida de
sociedad occidental no sólo como necesidad, sino también como obsesión,
como fin, como hábito o costumbre.
Pero no voy a extenderme demasiado en consideracionesmanoseadas sobre la doctrina bíblica del castigo: "Ganarás
el pan con el sudor de tu frente". Lo que sí voy a decir es que, tal
vez tomando el rábano por las hojas, nos estamos castigando con exceso,
con abrumación, casi de forma compulsiva. Y no sólo trabajamos para
vivir -que acaso fuera lo justo-, sino que multiplicamos los panes y los
peces hasta la insoportable saciedad, más allá de la razón y de la
hartura. Y en los fines de semana también multiplicamos el vino... Pero ¡ay!,
si bien ganar el pan es un principio loable y necesario ("Primun
vivere, deinde philosophare"), la prolongación de la doctrina
anterior es que "No sólo de pan vive el hombre". Es decir, de
nada vale atiborrar nuestras andorgas de ricas suculencias de consumo, si
nos falta el alimento del espíritu, que además de principal es débil... Así,
pues, desde este instante de sol y gitanillas, en el que me he levantado a
mí mismo el terrible castigo del trabajo y en el que he llenado el vacío
de la brusca cesantía laboral con incursiones al paisaje de las flores y
de los pensamientos, yo propongo para la noche del viernes día 5 un
banquete de finas variedades poéticas que, por insólito y contrario a
las costumbres, casi puede ser un acto de rebeldía. Lo de menos es que José
Luis V. Ferris, premio Azorín de novela 1999, nos hable de Miguel
Hernándezo que Fernando
Medrano, "poeta de la imagen", nos deleite con
algunas de sus espléndidas diapositivas. Lo de más es que, con ello, por
octavo año consecutivo, honramos la memoria de un hombre llamado Paco
Llorcaque, ante la necesidad insoslayable del trabajo, pero armado de
una actitud profundamente poética,mantuvo
con la vidauna sana relación
de equilibrio. Es más, en detrimento delbienestar material, su brújula más íntima indicaba tercamente el
magnético norte del espíritu.