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Después
de 37 largos años -de esos largos años que paradójicamente
transcurren en seguida-, he recuperado a un amigo de la primera
juventud, quizás de la estirada adolescencia. Le he recordado
siempre con afecto. Y aunque eran muchas cosas las que entonces
compartíamos, éstas son las que percibo con aceptable nitidez:
nombre y apellidos, borrosamente la cara, una cierta ironía en la
sonrisa, negro el pelo, exacto lugar de procedencia, la consecuente
afición a San Fermín y a los pañuelos rojos, el gusto por la
Historia... Y el fútbol. Sí, el fútbol: sentía devoción por el
Osasuna, y la práctica se le daba muy bien. Muy bien, con filigrana
y con arte. Podía levantarle un edificio con palabras de emoción,
y acaso lo haga, pero hoy prefiero dedicarle este artículo...
Querido
José Luis, amigo Izquieta Etulain: todavía no es tarde para que
nosotros practiquemos un fútbol que, fundado en el sosiego,
conserve al menos las letras. A mí me lo exige la afición,
a ti la cátedra...
Puntual
y excepcionalmente, puede
suceder que el ministro de transportes
ponga un avión de guerra a disposición de la ministra de
cultura para resolver una urgencia de capital importancia (Por
ejemplo, la quema de un archivo). Lo que no puede ocurrir jamás es
que, en rueda posterior, la ministra se dirija de este modo a la
prensa: Poblema resuelto.
¿Por qué?. Porque el catetismo es un lujo que
solamente se admite en el entorno de los primeros auxilios,
en los cargos que sostiene la necedad y en las personas
rudimentarias y elementales. En apoyo de esta tesis, y sin que ello
agote el filón, pongo tres claros ejemplos: el Presidente del Atlético
de Madrid, el Alcalde de Marbella y Jesús Gil y Gil. ¿O no es
verdad que a un personaje como éste, cuyo rasgo más noble reside
en su caballo, siendo uno y trino se le admitiría incluso la
resurrección? Quiero
decir que este hombre, acaso esta sombra, en un determinado sentido
está por encima del bien y del mal; que puede cagarse en las
instituciones sin que éstas acusen la mancilla; que su labia
conlleva la multiplicación del disparo y inverosimilitud del
acierto (o el sonsón de la flauta por casualidad); que su
patrimonio incluye una extensa bula semántica...
Vaya
por delante que el ejemplo de la ministra es apócrifo, como
determinados evangelios que jamás irán a misa; y
lo de Jesús Gil y Gil, carente de valor ejemplar, solamente
nos vale para remitirnos a su cordial enemigo, el Presidente de la
Real Federación Española de Fútbol, a quien queremos decirle lo
siguiente: ¿Qué problema tiene usted en la lengua, señor
nuestro?. Y en la Federación, ¿son todos tan sordos que no
detectan su mala pronunciación en un vocablo tan dócil? ¿Se trata
de una incultura generalizada? ¿Tan mal le quieren a usted, o es
una cuestión de delicadeza? ¿Carecen de asesores de imagen?
Ustedes, tan pomposos y exhibicionistas, ¿no disponen de tela para
invertir en un campo de
dicción que, por respeto a la palabra, tenga un césped
sin faltas de prosodia?
Señor Ángel María Villar: el fúbol
no existe, por lo que, en tanto se corrige esta ligera anomalía,
desde un punto de vista filosófico usted podría ser un poblema.
Y lo que es peor aún: un fantama.
Escolio:
distinguido señor, quizás el mayor logro de la política española
en los últimos 25 años sea el de haber conseguido desplazar a los
toros del segundo lugar del ranking
ciudadano de preferencias. El primero, naturalmente, sigue
siendo el fútbol; de manera que el binomio fútbol-toros de la
periclitada dictadura, equivalente a aquella socorrida dicotomía de
“estudias o trabajas”, ha acabado por ser una yustaposición
confusa de partidos: los de fútbol y los políticos, todos ellos
televisados, bien en régimen de telediario machacón e
inflacionista , bien de machacona implantación en deportivo fin de
semana. Y siendo que el fútbol es así, más alto aún que la política,
¿acaso no merece un esfuerzo?
Vamos,
hombre, déjese caer
por la Academia de la Lengua, que suele ser jurásica o anacrónica,
pero no muerde. Quizás esa
Real Institución, indiferente a las vicisitudes balonpédicas, le
ayude a diluir entre vetustas telarañas y desvanes polvorientos esa
inútil t que, en lo que
al fútbol se refiere, usted
no ha pronunciado jamás y que por tanto sobra.
MarianoEstrada,
21-06-98
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