Amor: ¿Realidad o sueño?

Amor: ¿realidad o sueño?

Pues veréis, un día ya lejano, que en cierto modo puede ser ayer mismo, se sentó a mi lado una joven de edad bien definida, pero escasa. En años, no más de diecisiete, si es que los años se computan por la tersura de la mirada, que era transparente a la vez que misteriosa. Hablamos durante largos minutos, acaso largos días y semanas, incluso largas centurias. Ya sabéis que cuando uno se enamora el tiempo se funde con la luz y todo se hace presente. Y en un momento concreto de la conversación, que no obstante era finita, me sentí empujado a decir:

In extremis

In extremis

Cuando yo era niño, pocas personas había en el mundo, si es que había alguna, que
fueran más entrañables que mi abuelo. Luego me hice joven y el abuelo pasó a estar
más en un segundo plano, pero entonces apareció Víctor Manuel con el suyo que, si os
acordáis, estaba sentado en el quicio de la puerta. Y no se había apagado aún el cigarro
al que se aferraba aquel entrañable picador, cuando Alberto Cortez vino a rescatar al
suyo a Galicia…

Pensamientos que surgen al andar

Pensamientos que surgen al andar

Dijo Borges que la lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado, pero yo iba
a salir a caminar en el más rabioso presente y me lo ha impedido la lluvia. Tate,
me dije, la lluvia que veo caer no está sucediendo ahora, sino que ya ha sucedido. Y
entonces, sin saber bien porqué, recordé a Berkeley, el obispo irlandés que afirmaba
que las cosas no tenían existencia real o natural distinta de la de ser percibidas por el
entendimiento. O sea que eran sólo ideas en nuestra mente. ¿Ideas? –le replicó un viejo
amigo- Pues cuídate de apartarte cuando pase una idea con forma de autobús, porque
puedes salir arrollado, pisoteado y perceptiblemente muerto.