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Tierra Conmovida PRÓLOGO Es un hecho notorio que la ilusión se agota en el decurso del tiempo, a medida que avanzamos hacia la muerte. Por eso volvemos siempre al pasado, a recrear las ilusiones perdidas. Pero el pasado es recuerdo y el recuerdo es infancia, sobre todo; es decir, aquello que el descrédito no se ha atrevido a tocar. Mi infancia, mis recuerdos, las ilusiones vividas, se sitúan en un pueblo de Zamora donde aún se da la certeza de que el humo proviene del fuego, donde el olor o el sabor son de cada esencia su atributo perenne y específico. Esta es la razón por la que el perro corre detrás de las liebres y el ratón, que acecha el queso, es acechado por los gatos. La carne sabe a carne, la hiel a hiel, la risa a risa y el amor es amor incluso cuando deviene en tragedia. A quien la infancia le ha deparado vivir estas cosas, le es difícil entender que las palabras que fluyen de los labios no tengan una fuente en el corazón. Del corazón, llanamente, como un agua elemental, estricta y pura, han brotado estos versos. M.E. COMO TÚ A Daniel Estrada Como
tú fui niño, niño. Y
era igual de rubio, Como
tú tenía ¡Cómo tú, pequeño! Yo
era muy pequeño. Pero
bien me acuerdo. Tú no lo comprendes. Pero
yo fui niño, niño, Y
rasgué las ropas Como tú, chiquillo. Y
era igual el llanto, Te
pareces tanto Corazón
de potro, D.
QUIJOTE, D. SANCHO Y
A Miguel de Cervantes Ha
poco pernocté en la gran ciudad Mas
hete que don Sancho –que no ha mal- ¡No
mientas! –balbucí- pues no ves nada, ¡Señor,
Señor, mi dueño –dijo el tal-
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