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RELEXIÓNES
EÓLICAS En
mi pueblo de nacimiento hay unos chopos muy grandes y muy altos, tanto que
en días de fuerte vendaval se ha llegado a temer por los edificios de los
alrededores: unas casas sencillas, pero hermosas, con fachadas adustas de
granito y tejados azules de una gruesa pizarra, materiales de las siempre
recordadas canteras del lugar, que en paz descansen. Pues
bien, un aciago día del año 1999 me dijeron que esos chopos excelsos, de
cuyas hojas sale un mar de rumores en las noches de verano que tienen
brisa ligera, iban a ser arrumbados en un plazo muy breve. Así de simple.
Los promotores del asunto no iban
a andarse por las ramas, que es lo que sugieren exactamente las podas... Y
cuando ya mi corazón, encabritado en la moto de la ira, se inclinaba
hacia un reparto de leña, aunque fuera por sufragio universal, me
anunciaron que el auténtico cabreo -ése que ha llegado hasta hoy, y
seguirá conmigo "usque ad mortem", me imagino-, lo debía
dirigir hacia Velilla -montes de belleza meridiana y hasta ahora bastante
recoleta-, cuyas cumbres, recientemente arañadas por un arado inmodesto,
iban a ser adornadas como pino de Navidad por unos monstruos eólicos,
unos falos aspados de fácil erección y jodienda a buena vista. En
el año y medio largo que desde entonces ha transcurrido, he escrito
muchas cosas referentes a la implantación de la energía renovable,
concretamente la eólica. Porque antes de Velilla (Zamora) -donde nada se
ha perdido aún, por suerte-, los especuladores ya habían violado la
Soria de Machado y de los pinos, las Merindades de Burgos, etc.... Además,
desde estas tierras amadas y luminosas de Miró y Hernández, he podido
ver con claridad que ese rayo no cesa, que el mal de los eólicos locos,
aunque nada esponjiformes, se
ha extendido a Valencia, a Cantrabria, a Andalucía, al País Vasco, a
Galicia, a la Mancha, a Cataluña.... y, en resumen,
a toda la España Imperial, porque ¡caramba!, el problema
trasciende los Pirineos, y los Alpes, y el Atlántico, y los pasados
dominios del Rey don Carlos Primero... En
todos estos lugares, me refiero a los de la España posible,
ha habido gentes que, como yo, han tenido que pasar de la
incredulidad a la certeza. A la certeza fehaciente de que la forma en que
se está desarrollando la energía referida, en principio renovable y
limpia, no puede llevarnos a buen puerto, porque por bien iluminado que
estuviera -que encima no lo estará, salvo en el patio encalado de los
yates-, de poco nos valdría si, además, estuviera infestado de alopecias
y de calvicies y enfermo de vegetación o de muerte;
si en sus barcas de naufragio ni siquiera estuvieran las aves de Noé,
el patriarca. Dicho de otra
forma: los parajes emblemáticos hay que sacarlos de ese puerto temible,
porque el paisaje no se improvisa, sino que se respeta o no se respeta, se
cuida o no se cuida. Pasa igual con las aves, que se aspan o no se aspan.
Y a los lobos hay que darles libertad, y monte, mucho monte, monte de
verdad, sin perturbaciones, ni cepos ni eufemismos. En
cuanto al lobo multinacional, al furibundo lobo de Hobbes o lobo de los
hombres hay que darle bien para el pelo: es decir, hay que cogerlo por los
nísperos y decirle llanamente a la cara: pero tío, ¿tú de qué vas?. Y
aunque eso está bien claro para todos, él a lo mejor se acojona (o se
apena, tanto tiene) y deja en
paz los montes en los que debe oxigenarse el futuro. Y desiste del engaño
continuado y del excesivo beneficio, siempre demencial y apabullante,
siempre obsceno. Y renuncia a la bicoca y a la irresponsabilidad. Y huye
de las ubres de las que brota incesantemente la vida. Y deja ya de
tocarnos los paisajes y de profanar el sacramento de la naturaleza. Posdata. De hecho, desde el sur de Cataluña ya han empezado a ponerlo en su sitio. A partir de ahora, en un lugar de esta España invertebrada –de cuyo nombre sí quiero acordarme-, la belleza del paisaje primará sobre el dinero de los especuladores, en este caso eólicos. ¿No resulta increíble? Y ha tenido que ser en Cataluña, precisamente, lugar donde se asume sin tapujos que la pela es la pela. ¿Se asume? Claro, pero siempre con la razón en la mirada, evitando las hipotecas excesivamente onerosas y nunca en detrimento de la calidad. Y es que los catalanes son sabios, sin duda, y el Sur ha hablado en las calles de esa hermosa tierra mediterránea donde la vieja gallineta de Llach ha dicho nuevamente que no... A ver si cunde el ejemplo. Mariano Estrada
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