Ignoro la razón por la que este poema se salió en su momento del libro
"Hojas lentas de otoño", al que pertenecía. Y, sin embargo, no
me cabe duda de que el error fue mío. Ahora lo ofrezco aquí, como
primicia, tratando de acercarlo al redil...
MEMORIAS
DE LA NOCHE
Habitamos
el círculo
de luz que nos depara el fuego
y, haciendo corazón
de la alterada sangre,
invocamos las íntimas alondras
que, al pairo del amor,
sobrevolaron espacios de familia.
Y
libamos la miel
de la palabra antigua
sobre un tronco de paz
que maduró en el roble: ese
roble que habita mi dolor
y los paisajes lentos del otoño.
Con
la forma del humo,
una nube de ausencias
se posa en el tamiz de la pupila
y a los ojos ascienden
atanores de lágrimas y tiempo.
Llueve.
Y la tierra se empapa de esta lluvia
espesa que humedece la raíz
de los cultivos, y las ramas
sin lustre de este árbol
triste de carne y de sequía.
La mañana es de paz
y huele a ozono.
Los rayos del amor
han sembrado cristales
en las hojas maduras de los robles.
ROMANCE
DEL PERRO DESVENTURADO
Siendo una hora imprecisa
de una mañana cualquiera,
un perro desventurado
olisqueaba a mi puerta.
- ¿Qué haces aquí, perro tonto?
- Ando buscando a mi perra.
Mi perra blanca, lanuda,
con arrequives y perlas;
vestida toda de largo,
muy rozagante, muy bella.
Tiene un lunar en el pecho
y un corazón y una estrella.
Por el lunar sabe a noche
cerrada como tiniebla;
la estrella tiene una cola
y el corazón una flecha.
Puede que tú la hayas visto,
puede que pronto la veas.
Sus ojos son como auroras
que amasan pan de cerezas.
Abre la boca con gracia
y tuerce un punto la lengua.
Tres días llevo buscando,
tres largas noches sin verla.
Mi corazón está herido
con una herida muy densa.
¿Adónde irán estos ojos
dolientes como tristezas?
Temo que un perro la engañe
con gullería y zalemas;
o que la arrastre un mal viento
donde jamás la devuelva.
Los perros somos olfato,
instinto, naturaleza,
y ella es un chucho inocente
que tiene el celo a las puertas.
- O yo ando mal del oído
o estaba hablando esta bestia.
¿Cómo es posible que un perro
pueda contarme sus penas?
Sin duda tengo en las mientes
historias, cuentos, leyendas
de lengua periclitada,
de antigua prosopopeya.
Vete de aquí, perro tonto,
vete a buscar a tu perra.
Yo he visto a una en la fuente
muy rozagante, muy bella;
vestida toda de largo,
con arrequives y perlas;
con un lunar en el pecho,
un corazón y una estrella...
... ¿Adónde vas, perro tonto...?
También tenía una... ¡espera!
Siendo una hora imprecisa
de una mañana cualquiera,
un perro desventurado
olisqueaba a mi puerta.
No quise echarlo a pedradas,
mas le ordené que se fuera:
Vete de aquí, perro tonto,
¿qué haces oliendo a mi puerta?
Venía yo de la fuente
con mucho sol y agua fresca.
Mariano Estrada
(Del libro Trozos de cazuela compartida)
VERSOS
A Miguel Hernández
Trozos de cárcel y pueblo,
filos de reja y espada...
¡Cuánto es el luto del hierro
tras las paredes de España.
Uno es el santo: lo negro;
una es la seña: la patria.
Dos es la sangre del pueblo,
tres es el pueblo que sangra.
¡Qué vas a hacer, compañero,
sino llorar por España!
Llora, Miguel, llora versos,
porque los versos son armas;
porque las armas...¡Secreto!
¡Que no lo sepa el que manda!
¡Cuánta razón es un preso
que hasta la muerte lo callan!
¿Hasta la muerte? Ya muerto
van a ponerte una guardia
¡Ojo al cajón, carcelero!
¡Ojo al cajón de las almas!
- ¡Alto a las sombras! ¿Quién vive?
- Un pelotón de palabras
- Digan el santo
- Lo eterno
- Digan la seña
- ¿No basta?
Leva, Levante, los vientos:
luto, cuchillo y espada.
Toro de amor, alza el cuello;
plántale al tigre la cara.
(De Mitad de amor, dos cuartos de querencias, 1984)
LA
LUNA
A Federico García Lorca
Ya nadie mira a la luna,
la luna ya no es de nadie;
ya no la cubren de besos,
ya no la bañan con sangre.
Ni ya le escriben poemas,
ni ya le clavan puñales;
ya no hay tragedias de amores,
ya no hay amor, no hay amantes.
Ya pasa sola la luna,
ya pasa sola, sin nadie;
ya no amontona secretos
ni alumbra sueños, como antes.
¿Adónde fuisteis, poetas,
adónde fuisteis, amantes,
que la dejásteis sin versos,
que sin amor la dejásteis?
Ya no es de nadie, ni es luna,
la luna que ahora nos sale;
porque es un círculo sólo,
y sólo un círculo errante.
Sólo un castillo arrumbado,
sólo un recuerdo distante;
sólo una historia en un libro,
sólo una estatua en un parque.
La luna no será luna
sin corazones que amen;
sin pensamientos que vuelen
y sin poetas que canten.
Y es esa luna, lunero,
la misma luna, no obstante,
que tú metiste en los versos
porque era tuya una parte
Pero los hombres son otros
y otras las cosas que valen;
y otros los ojos que miran
y otras las formas de amarse.
La luna no será luna,
porque la luna es mirarse:
asesinar con los ojos
hasta el dolor de la sangre.