Qué lástima que un país tan colorista, variopinto y heterogéneo como
España, donde todo quisque aspira a diferenciarse de su vecino por lo
menos en los muebles de la cocina, se haya uniformado tanto alrededor de
dos partidos políticos, en los que influyen dos grupos mediáticos
visualizables en dos grandes periódicos, es decir,dos formascerradasde contemplar la realidad: en su pasado, en su presente, en sufuturo; dos cabezas pensantes para un monstruo sin excesivo
pensamiento, mejor dicho,dos
losas pesadas de pensamiento único, caídas sobre el ancho pelotón de
los mortales, especialmente sobre aquéllos que no engordan diferenciándose
en los muebles de la cocina y se diferencian de hecho en los sapos que no
tragan, en las tragaderas de las que carecen y en unos brotes blancos depotencialidad esperanzada y luminosa, emergente siempre y
finalmentetrunca...
¿Cómo escapar a esas redes de ignominioso fatalismo, de ideología
prefijada y alicorta, de espacios acotados que ahogan la voz del diferente
porque postula la luz en vez de las tinieblas, porque descubre las mieles
de la calma frente al horror del empujón y la zancadilla;porque reclama un lugar para las flores y mira al corazón de los
humanos con la ternura cierta de los animales? ¿Cómo escapar al
maleficio de lo inevitable, si fuera de ahí no hay salvación ni coche ni
riqueza, si ni siquiera es posible proclamar que hay otros mundos, otros
credos, otras formas de abrirse a la mañana?
¿Cómo hacerles ver que ni lo uno ni lo otro de sus dominios demoledores
o sus gastadas filosofías, sino las bayas pulposas de unos campos
abiertos e intermedios, cercanos e insospechados, desconocidos e
inasibles?¿Cómo decirles que no, que sus cuentas son luces de
esterilidad y de artificio, que sus cálculos no salen del riñón, entre
dolores y sangre, que su polvo no es el de la vida en sus fluencias de razón
ni en sus torrentes de barro?
Y que su empeño es el oro, señor mío,con todo su inútil pulimento, con su espejo imantado de poder, con
su lisura perfecta, endemoniada y descorazonadora, con su brillo
lacerante, destructor e inerte.
Pues claro que hay más mundos, muchos más, casi infinitos, pero todos
perviven o malviven, y hasta mueren y remueren,bajo la suela inclemente de unos zapatos enormes, soberbios y
ominosos. En realidad, bajo esa suela pululan o rebullen, como ambiciones
aplastadas, hasta los loros que ofician de agradecidos mantenedores del
oprobioso gigante: esa mala bestia que se nutre del dinero, ciertamente,
pero también del obsceno consentimientode los políticos, de las administraciones, de los estados.
Mariano Estrada, 24-12-2000
Otros
documentos en esta sección
Paisajes Literarios. La Web de Mariano Estrada.
® Mochuelin
Design.
2001. Todos los derechos reservados