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Zapatero se le tuercen las cosas.
A mí no me gusta nada que a Zapatero se le vayan torciendo las
cosas, porque de paso se nos tuercen a todos. Y en este punto
medio de la legislatura, aunque el PSOE se dedique a la
complacencia y al autobombo, se le han torcido unas cuantas.
Por ejemplo: se le ha torcido la OPA de Gas Natural sobre Endesa,
en la que tanto se ha comprometido su gobierno: él personalmente,
y no digamos ya el amontillado ministro de Industria. Tanto se han
implicado en la jugada y tan sucio han jugado que en Europa nos
han sacado una tarjeta amarilla. Además, lo han hecho tan mal
que, gracias a sus incompetentes regates, se ha abierto una puerta
en las autopistas de la luz y se nos va a colar por los cables una
empresa extranjera, E.ON, aunque sea con vitola de país
comunitario. Como siempre, quedaremos en cuartos de final y con
cara de haber hecho el pardillo.
También se le ha torcido a Zapatero su apuesta por el Presidente
electo de Bolivia, don Evo Morales, ese “indígena con jersey”
(Ibarra dixit), a quien, con el anunciado decreto de nacionalización,
no se le ha ocurrido otra cosa que invadir las instalaciones de
las empresas petroleras afectadas, tipo Repsol RIP, con numerosos
efectivos del ejército, no sé si todos suyos o algunos prestados
por Fidel y tal vez por sugerencia de éste y de Chávez. Tan sólo
para dar espectáculo y así llamar la atención, porque, la
verdad, no hacían falta esos gestos. Con lo pacífico, pacifista
y apaciguador que es Zapatero, que sacó a las tropas de Irak a la
velocidad del rayo que no cesa, que no es precisamente el
vallecano, aunque fuera para meterlas después en Afganistán,
donde ahora se caen los helicópteros de dos en dos para desgracia
de Bono, ex-ministro vocinglero que también se le ha acabado
torciendo al Presidente. No, hombre, no, Evo, “deja ya de joder
con la pelota, eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca”.
¿Es que no has oído nunca a Serrat?
Otro que se le ha torcido a Zapatero es su socio preferencial,
Esquerra Republicana de Cataluña. Su antes admirado Carod estaba
haciendo verdaderos encajes de bolillos, llamados también
equilibrios incomprensibles, para no votando sí, no votar no,
sino todo lo contrario y justamente al revés, en el sufrido referéndum
sobre el Estatut: ese que empezó con el 90, siguió con el 54 y
ya veremos si para de nuevo en el 90 para alcanzar unas buenas
medidas. Finalmente, las bases de ERC, que funcionan
asambleariamente, lo que no le debiera disgustar a Zapatero, han
dicho a todo que no. Que no y que no y que no. No a sus propios y
nulos dirigentes, a los que han obligado a rectificar. No al
Estatuto, del que fueron promotores y protagonistas hasta que les
pusieron los cuernos con CIU, a ellos, que no pueden ver a los
toros ni en los escaparates. No a Zapatero, al que consideran
responsable del engaño, tal vez de la traición. Y no a España,
de la que odian hasta las flamencas de trapo que los comerciantes
catalanes venden en las Ramblas a los turistas.
Al Molt Honorable President, Pascual Maragall, amigo personal del
carótida Pérez Rovira, con el que ha compartido Rosas en Cataluña
y espinas en Israel, no le va a quedar más remedio que convocar
elecciones. Eso, o tirar al susodicho Carod por el agujero del
water, haciendo caso omiso de aquella lejana advertencia de La
codorniz: “Señora, si tiene usted un aborto, no lo eche al
water, puede llegar a ser rey”. Claro que de Maragall se puede
esperar cualquier cosa, incluso que se niegue a convocar
elecciones y decida mantener a su amigo en el gobierno de Cataluña,
ese que no ha hecho otra cosa que esconder porcentajes de corrupción
bajo de las ricas alfombras del Palau de la Generalitat. Porque
Maragall, como es notorio y público, es otra de las torceduras de
pata que ha sufrido en su cuerpo el Presidente español. Nada
raro, por cierto, con tanta asimetría federal, tanta corona de
Aragón y tanta leche bendita cuya marca es Pascual. Y por si algo
faltaba, el señor Carod Rovira les ha dicho a los socios del
tripartito, PSC e ICV, que si no se sienten a gusto, se vayan
tranquilamente a su casa. Lo que quiere decir que él se queda,
porque él se basta y se sobra para gobernar Cataluña ¿Tendrá
tan pillado a Maragall que este no se atreva a arrojarlo por el
derrumbadero de las amortizaciones y los desperdicios? ¡Cuánta
basura hay en el mundo, Señor! “Eso, eso, y todo por culpa del
partido popular. Piqué, vaya tela”.
Claro que Zapatero siempre puede decir aquello de que Dios escribe
derecho aunque lo haga con renglones torcidos. Pero es que la
“torcida” (que en este caso no es la selección brasileña de
fútbol) es tan general y tan grande que también alcanza al Clero
ese de las narices, con el que Zapatero está realmente a parir.
Ya sabéis: matrimonio gay, enseñanza de la religión, colegios
concertados, futura financiación… Es decir, la hostia. Porque
viniendo la cosa de donde viene y yendo por donde va, es muy justo
a decir: “con la Iglesia hemos topado”, como dijo ya don
Quijote hace tropecientos y tantos años. Sólo en Gibraltar
encontraremos un hueso tan duro.
Lo único que le falta a Zapatero es que Otegui, personaje
esquizofrénico que se debate entre la mediación y el presidio,
aprovechando la imperiosa necesidad que tiene el Presidente de
tapar sus fracasos con un rotundo éxito, se le suba a unas barbas
debilitadas y voluntariosas y le someta a un engaño morrocotudo
del que no pueda levantarse jamás. Porque eso trascendería con
creces al propio Zapatero, ya que él caería de su pedestal mágico
de plaitex, lo que tiene una importancia relativa, pero nosotros,
los erectos, quedaríamos todos doblados. Y eso sí que es política,
social y humanamente importante. A estas alturas de la democracia,
deberíamos saber que Zapatero no es Zapatero, sino el Presidente
de todos los españoles, incluidos los que no se sientan
representados. Y él, Zapatero, no puede confundir sus deseos con
su responsabilidad. Y mucho menos si son deseos de gloria. Así,
pues, tendrá que hilar muy fino para no aceptar jamás una paz
tutelada por los terroristas, los amigos de los terroristas y los
que recogen obscenamente las nueces. Las víctimas, que han
aguantado lo inaguantable, y en general los españoles en su
conjunto, se merecen que el terrorismo se acabe de verdad y que la
libertad, sin tapujos ni condiciones, se instale definitivamente
en el País Vasco. Sólo de esta forma la paz será auténtica y
duradera.
Mariano Estrada
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