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De la
radicalidad a la monería
El señor
Rubalcaba ha llamado extremista al PP, pero tenía que haber hecho
distingos. Es decir: por una parte tenía que haber calificado a
Rajoy, que es el que tira del PP para apoyar a Zapatero en su
estrategia de dilusión del terrorismo en los vericuetos extremos
de la sociedad vasca, que volverán, como oscuras golondrinas, a
llevar el nombre de Batasuna. Y por otra,
tenía que haber calificado a Zaplana y
a Acebes, que son los que urden y mienten y maquinan, los
que siguen anclados en el 11-M, con Pedrojota de guía espiritual,
y le ponen a Rajoy los palos en las ruedas de su nunca consolidada
candidatura, señor cura (Por cierto, que Batasuna se ha hartado
ya del cura Irlandés, porque tenía un excesivo protagonismo, y
aquí el protagonista es Otegui, que ni es interlocutor ni
presidiario, pero es postulado para ambas cosas. Parece ser que el
redentorista mosén Reid se iba de la lengua). El señor Rubalcaba,
merengue a machamartillo que no debería llevarse bien con el culé
de nación, José Luis Rodríguez Zapatero, es uno de los políticos
que mienten con más serenidad en España, tanto es así que sus
mentiras parecen auténticas verdades. Da gusto oírle. No cambia
la expresión, no muda el semblante, no muda la cara. Desde que
dijo aquello de que “los españoles
no se merecen un gobierno que les mienta”, no ha dicho
otra cosa que mentiras, pero las dice con temple, con
verosimilitud, con aplomo, sin pestañeo, y entonces las mentiras
adquieren el color de la verdad, que últimamente es muy pálido,
muy pálido, tan pálido que incluso llega a ser incoloro, como el
agua en los libros de texto. Porque, claro, ¿de qué color es
relativismo? ¿Eh, eh? ¿Y el postmodernismo? ¿Y el nihilismo? ¿Y
el darwinismo? ¡Uh,
uh, uh! ¿De qué está hecho el plomo de la mentira y en qué
lugar del alma se junta con la verdad para darle un revolcón, o
un meneo, en un ejercicio de caza, de acoso, de talante, de
derribo? ¿Quién miente más, el que lo hace a pleno pulmón o el
que se esconde en los usos, los hábitos, las costumbres, los
valores? En la política de España y de sus diecisiete
comunidades ergonómicas, la mentira
se ha convertido en valor, y el valor es una referencia y
una medida del mérito. De modo que… ¿Tomamos una tacita de
valor? Sí, buana, pero que sea del que fabrican en Villajoyosa.
El señor
Rubalcaba le ha llamado radical a Rajoy y Rajoy le ha llamado
radical a Zapatero. Pero Rubalcaba sabe de sobra que Rajoy podía
ser moderador de muy enconadas disputas. Y Rajoy sabe también que
Zapatero podía ser acomodador de muy aceradas convivencias. De
hecho, Zapatero tan sólo
es radical cuando se
pone el jersey de los votos, pero no cuando se viste de azul y
purpurina para entenderse en las sombras de la noche con el dandy
Artur Mas, representante de la oligarquía catalana, ana, que es
la que tiene realmente el din-don de don dinero. Moraleda le ha
llamado ambidiestro, que es una forma de llamarle camaleón. Otros
le han llamado Bambi, pero esta vez no mentían, sino que se
equivocaban de medio a medio, como se equivocó la paloma de don
Rafael, como se equivocó el notario Rajoy cuando, recogiendo una
ocurrencia de Guerra, le llamó Bobo solemne ¿Bobo solemne, yo?
Ya veréis, ya veréis cuando os ataque con la Segunda República.
Y el señor
Rubalcaba ¿es radical? Y si es así ¿de qué signo? No está
lejos el día en que tuvo responsabilidades en el Gobierno de
Felipe González, que utilizó contra ETA el terrorismo de estado.
Ahora es ministro del interior y utiliza contra ETA-Batasuna la táctica
de la aproximación y el camelo, ¡mua, mua!, teniendo en
perspectiva la legalización y la cama “Joder, jodamos, que
todos somos hermanos” ¿Y le llama radical a Rajoy? Lo que pasa
es que Rubalcaba está cabreado porque los del PP le han hecho 215
preguntas y él no tiene tiempo material de responderlas todas,
como quisiera, tal vez para no responder a ninguna Ahí sí que
han sido radicales los del PP, casi extremistas, casi jacobinos ¿Cómo
pueden hacerse 215 preguntas sobre una sola cuestión, aunque sea
el 11-M? Que las repasen bien los del PSOE, porque tiene que
haberlas repetidas. Además, le han llamado zorra con motivo de su
nombramiento, y eso no se puede aguantar, ni siquiera por parte de
Rubalcaba, porque la zorra, amén de desplumar a las gallinas,
tiene connotaciones muy chungas, pero que muy chungas. Si por lo
menos le hubieran llamado orangután o simio o primate para poder
responderles en plano de igualdad. Por cierto, cuando la monería
goce de los derechos humanos que les atribuye el filósofo
moralista Peter Singer ¿nos podremos casar con un mono? A mí me
gustaría casarme con un mono, siempre que no sea un mandril,
claro, de esos que llevan el culo rojo como el jersey de Zapatero.
Habrá que preguntárselo a Francisco Garrido, que es quien, con
la aquiescencia del presidente, ha llevado el proyecto a las
Cortes. Esto es lo más radical que se ha hecho en política.
Puede que un día haya monos en el parlamento. De momento sólo
hay leones. Claro que los monos los llevan algunos parlamentarios
donde ni siquiera los pueden ocultar. ¿Y tú qué coños miras,
imbécil, es tengo yo monos en la cara? Pues sí, mire, y son muy
buenas personas.
Y puestos a ser
equitativos, yo recomiendo que, desde hoy, se suprima la expresión
“dar leña al mono”, porque incita descarnadamente al maltrato
no sólo de determinados animales, que es en sí malo de
malignidad, sino también de determinadas personas, lo que es un
claro atentado contra los derechos humanos. Se puede sustituir por
la expresión “dar leña al PP”, que, al no poder un partido
ser persona humana,
es mucho menos que un mono. Mucho menos que monix.
La eugenética
tiene estas cosas, que, en pos del amejoramiento, de la perfección
y de la felicidad, se acaba aceptando la humanidad de los simios.
Ya veremos cómo se pronuncian las Cortes Españolas que, como se
sabe, son las más avanzadas del mundo. En el caso de que se
dictamine que los simios son, efectivamente, personas, habrá que
preguntarles a ellos si desean acogerse a los derechos que les
pudieran corresponder. Porque a lo mejor no los quieren. Que se
pronuncien en referéndum, claro. Y con dos horas de más, por si
alguno es catalán y se retrasa.
Mariano Estrada
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