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RUTA
DEL MORER: BELLEZAS DE LA MARINA BAIXA
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Podía
llamarse la ruta de los madroños, ya que este arbusto tiene
una presencia constante en todo su recorrido. Claro que, por
esta misma razón, podía llamarse también la ruta del
enebro (càdec en valenciano), del brezo, de la aliaga... Y
sobre todo del pino, cuya presencia no sólo es continua,
sino felizmente abundante. Tanto es así que, de no ser por
la variedad, se diría que estuviéramos en Soria, con
Machado.
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Por la variedad y
por la orografía del paisaje que, en puntos específicos,
admite una honrosa comparación con los Pirineos aragoneses. Tal
es el caso de la pequeña cordillera de Els Castellets, en cuyo
collado se abre una puerta que nos puede introducir en la mitología
con sólo soltar dos muescas la imaginación. El dios está
delante, si tomamos el Mediterráneo como referencia. Su figura es
imponente, majestuosa; su tamaño, descomunal; su posición,
envidia de los elegidos; su nombre, Puig Campana, el vigilante del
mar, el testigo impertérrito del nacimiento y de la vida, aunque
también de la destrucción y de la muerte... .
Desde los mil cuatrocientos seis metros de altitud de este bello
monte, medidos en el Pic Gros, el hotel Bali puede ser la reina de
un enjambre de rascacielos abarrotados de turistas en bañador. O
completamente desnudos. Desde esta altura, donde la vista se
pierde sin que por ello se agote la lejanía, ¿qué importancia
puede tener un “alma en pene”, como diría el poeta Ángel
González?
Finestrat puede
estar orgulloso de que en su término se yerga este gigante
natural para poder ofrecerlo a los pájaros, a los hurones, a los
insectos... y a esos animales inclasificables, destructivos y
creadores, llamados seres humanos, que están dotados de ojos para
extasiarse ante la excelsitud, de piernas para merecer despacio el
camino, de oídos para escuchar a la Naturaleza en la profundidad
mágica del silencio, de boca para alabar la innumerable belleza
de esta Comarca que tan graciosamente se nos ha dado, y de
disposición para protegerla de los enemigos, que son fuertes y
muchos, y guardarla con amor y respeto para el gozo de nuestros
hijos y los hijos de los hijos de nuestros hijos...
Podía, así
mismo, llamarse la ruta del Sacarés, nombre que es bien conocido
en los pueblos de la zona, puesto que muchos de ellos participan,
directa o indirectamente, de los caminos que atraviesan la
partida, o incluso se originan en ella. Me refiero a Polop,
Benidorm, Villajoyosa, Finestrat, Benimantell, Guadalest, Benifato,
Sella, Orcheta, Relleu. A ello hay que añadir la Masía del mismo
nombre, en cuyo frente hay un pino centenario que sencillamente es
“hermoso como un león al mediodía”.
También podía llamarse la ruta del Papachí, Masía que queda ya
en término de Benimantell, en el camino del Sanchet, detrás del
collado del Papachí y en uno de cuyos extremos terrenales se abre
un generoso balcón hacia Altea, La Nucía, la Sierra de Bernia,
el Peñon de Ifach, y la larga lontananza del mar que nace de los
acantilados del Mascarat y de las playas de Calpe... Más allá,
Nereo y las sirenas de Ulises, los reinos de la imaginación en
los que una tal Penélope acaso siga tejiendo la alfombra o
deshojando la margarita.
Podía llamarse incluso la ruta del Goleró (topónimo que procede
de gola, es decir, garganta). Se trata de una especie de barranco,
cruzado por una escalera en zig-zag, por donde el rutero se puede
comunicar con Aitana, que no es la hija de Alberti, sino la montaña
más grande que las cabras de Sella han visto nunca en el mundo.
Es grande y hermosa, pero ¿podía ser de otro modo con ese
nombre? Aitana, la montaña, la mujer, tal vez el pie femenino del
repetidamente nombrado Puig Campana, cuya cumbre, si atendemos a
determinada leyenda, sufrió un tajo de espada del que procede la
isla de Benidorm, L’illa, para los amigos. Ahí está la brecha,
con el curioso nombre de Rolando.
Finalmente, la llamaremos la ruta del Morer ¿Por qué? Veamos. El
Morer es un paraje idílico que se ubica un trecho por encima de
donde al camino de Finestrat a Sella- Benimantell le sale un ramal
hacia Polop. Por debajo están los barrancos de Muyalem y del
Charquer. Por encima, el camino del Sanchet y el Mas del Papachí.
El centro del Morer es una pequeña fuente a la que se accede por
un corto sendero que baja desde el camino mencionado, por fortuna
muy poco visible. Razón por la que el paraje no sólo es idílico,
sino también virginal. Ni un plástico, ni un leve recuerdo de la
civilización. Sólo hierbas y juncos, sólo nogales y fresnos, sólo
madroños y “perellons”. Sólo el discurso silencioso de un
agua tan clara como mínima, el agua de una fuente en la que según
el pastor de cabras de Sella, que tiene allí plaza, siempre han
bebido los pájaros... “¿Cómo van a escondérsela?” Tal fue
el razonamiento de este hombre ante determinadas pretensiones de
que el agua fuera entubada...”¿Dónde van a beber entonces los
pájaros, si han bebido aquí toda la vida?”.
¿Por qué se llama Morer? El paraje, que es frondoso y variado,
tiene muchos espinos, arbustos que también reciben el nombre de
zarzamoras; sus frutos, las moras silvestres, posiblemente le han
prestado el nombre al lugar. Debajo de la fuente hay unos pequeños
bancales poblados por árboles de hoja caduca que, en el momento
de la visita, se mostraban engalanados con los mejores colores del
otoño: rosa en los fresnos, amarillo en los nogales y los
manzanos, rojo en los cerezos...Por cierto, en algunos árboles,
con las ramas desmochadas o quebradas, queda bien patente la
presencia de los jabalíes...En las ramas, y también en las
escopetas que, más o menos subrepticiamente, deambulan por
trochas y senderos, y también por el monte a través.
De los minúsculos bancales del valle salen unas pequeñas laderas
que, pobladas de la vegetación tradicional, van a estamparse
bruscamente contra dos enormes bloques de piedra que exhibe la
naturaleza con una apabullante majestuosidad y un insultante
desparpajo. Se trata de la Peña del Morer, una impresionante mole
que, cortada en vertical, se asoma a la minúscula fuente desde la
altura mitológica de lo inalcanzable. En su parte más alta se
percibe un penacho raquítico de pinos, que desde otros puntos de
vista se hace más comprensible. Y el Peñón del Morer,
divergente en la forma, pero próximo en la ubicación y hermano
en el tamaño. Su cara septentrional, en una buena parte de su
extensión, nace del mismo margen del valle, allí donde la
naturaleza es más húmeda, más exuberante, más tierna...donde
los nogales y los manzanos enseñan sus más lujosos vestidos.
Entre estas dos peñas feroces se abre un portillo perfectamente
asequible que deja ver, hacia el este, un montículo mocho
cubierto de abundante vegetación, la cual viene a poner en el
cuadro un bonito contraste. Un poco más abajo, y algo distanciada
de estos dos colosos de piedra, emerge de forma puntiaguda una
modesta roca a la que los lugareños, cariñosamente, le dan el
nombre de Peñonet. Pero hay una enorme condescendencia al
referirse a esta peña como integrante de una trilogía montaraz,
divinamente rocosa. Más bien es el hijo huérfano de algunos
familiares plebeyos de la tribu de Liliput.
DESCRIPCIÓN
SOMERA DE LA RUTA. Salida.
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Se
parte de la Font del Molí, en Finestrat, donde el agua está
siempre presente y es abundante y fresca, donde llenar la
cantimplora puede ser una necesidad, pero sobre todo es un
rito.
El
Puig Campana está de frente, expectante y ofrecido, con su
apariencia doméstica y su torrentera empinada y ciertamente
engañosa.
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Como la marcha es
generosa en longitud, conviene acortarla con el coche. De manera
que tomamos el camino hacia Els Castellets y lo aparcamos
justamente donde empieza la finca del Sacarés, que es grande como
el beneficio de la Banca. Esto se sabe fácilmente porque el
camino está cortado por un perfil metálico, o sea una viga de
hierro, de uno de cuyos extremos pende un áureo candado. Lo que
quiere decir que la finca es privada. No obstante, el camino es de
uso público por ser vereda real. Lo que tiene sus pros y sus
contras, en los que no vamos a extendernos, por obvios. Empezamos,
pues, la ruta en el llamado coche de San Fernando.
El Mas del
Oficial:
A nuestra izquierda, la impresionante cordillera de Els Castellets.
Subiendo unos repechos paralelos a la misma, pero asfaltados, nos
encontramos, a la derecha, hundido en las umbrías faldas del Puig
Campana, con el Mas del Oficial, un caserón con bello movimiento
arquitectónico, de color terroso humilde y coronado por una armónica
teja. El sol lo visita muy tarde, dejando sobre él, ya a última
hora, la calidez de una luz pálida.
El collado
Justamente detrás del Puig Campana, se abre una gran puerta en
Els Castellets, por donde discurre mansamente el camino. Muy cerca
de éste, a la izquierda, se yergue una roca que es digna de
contemplación, formando una de las jambas del boquete. En el
replano hay un ramal que parte hacia dicha roca y, tanto el camino
como el ramal, están bordeados de unos grandes cipreses
dispuestos en fila y a una holgada distancia. Aparentemente no hay
nada que los justifique, pero allí están, hablando tal vez de la
belleza en sí de las cosas, despojados de todo utilitarismo que
no sugiera el placer de un paseo en la soledad y en la calma. A
continuación aparecen los primeros madroños, arbusto que está
en el escudo de Madrid, donde nunca los ha habido, dejándose
abrazar por el oso que va buscando unas bayas que, en su madurez,
son rojas, granuladas y comestibles. A partir de aquí, los madroños
ya nos acompañarán durante todo el trayecto.
El Mas del
Sacarés
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Seguimos
el camino y, a la derecha, entre vistas generosas y variada
vegetación (aparte de la ya indicada hay torviscos,
lentiscos, carrascas, madreselvas, espliego, romero...),
llegamos al Mas del Sacarés, que es el que le da el nombre
a la partida, o lo toma de ella, que eso no lo sé. Pero
antes dejamos atrás lo que sería el centro neurálgico de
la ruta, donde hay una especie de encrucijada de caminos de
la que uno puede salir, por piernas, en varias direcciones:
a Polop, a Sella, a Benimantell, a Finestrat, al Salt, al
Mas de la Carrasca, a la Casa de Dios...
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El
Mas del Sacarés es una antigua casa que ha perdido parte del
encanto con la rehabilitación, el encanto que conserva íntegramente
el Mas del Oficial, del que antes hemos hablado. Me refiero, por
supuesto, a la estética exterior, a la forma, a los volúmenes, a
la armonía del conjunto, a los acabados de las fachadas, a esas
cosas que hablan por sí mismas de un tipo de vida o de otro y que
suelen ser reflejos de sus habitantes: de sus costumbres, de sus
tradiciones, de su dedicación, de su forma de ser y de vivir.
Conserva, sin embargo, el privilegio de las vistas que no le
pueden quitar, puesto que está mirando hacia el sol en toda la
extensión de su recorrido y tiene delante, pero suficientemente
alejados, el Puig Campana, Els Castellets y el Goleró que sube
hacia Aitana en un bello zig-zag...
También conserva, acotando por el Sur el patio que hay delante de
la casa, un hermoso pino de pinos, quiero decir: un pino cuyas
ramas son pinos cuyas ramas son pinos. Algo así como un pino eleático...O
como una flor de flores, quizás la Bellis sylvestris (margarita),
que es otra de las maravillas de la naturaleza que pueden verse en
la zona. El pino en cuestión, parece ser que tiene entre 120 y
160 años, por lo que, a pesar de su aparente fortaleza, acaso
tenga un cercano final. En ese patio extenso, que toma sombra de
él, nada me cuesta imaginar que hubo un día una era en la que
daban vueltas las mulas y los trillos.
Hacia la Fuente del Morer
Un trecho después de la Masía se acaba la finca del Sacarés y
los holandeses que actualmente la ocupan. Se repite la viga y el
candado, como se repite la historia y el pepino. A partir de aquí,
y hasta la fuente del Morer, el camino se convierte en maravilla,
no tanto por el estado del firme, que es de tierra elemental, como
por la tupida y frondosa vegetación que lo bordea y que, en la
bajada hacia el barranco de
Muyalem es un bosque de pino joven y esbelto, afortunadamente
despojado de la maleza, de la cual podemos decir que, si bien es
belleza subsidiaria, puede convertirse en incendio y provocar el
desastre. Treinta años son demasiados y antes no se produciría
la regeneración. Y cuando un bosque se quema, especialmente en
esta zona, no se quema nada de ningún conde, sino una parte de
nuestros órganos vitales, esas fuentes de la naturaleza a través
de las que todavía podemos respirar.
ADDENDAS
ESENCIALES.
Cuando el rutero observe unas pequeñas excavaciones en la tierra
o unas huellas frescas en la humedad del camino y alguien le diga
que es del porc senglar, que sepa que se están refiriendo al
jabalí, ya que ése es su nombre en valenciano. Y si ve un
insecto amarillo revoloteando sobre la madreselva (Lonicera
implexa, lligabosc) o sobre el torvisco (Dapne gnidium) o sobre el
durillo (marfull), puede que se haya topado con la Gonepteryx
cleopatra, que es una mariposa de grandísimo fuste. Pero si es un
observador empedernido o un naturalista avispado, puede que
encuentre una araña devorando a un saltamontes (o sea inoculándole
los enzimas digestivos), y quizás esté delante de la Araneus
diadematus.
También es muy posible que el rutero se tope con un todoterreno
blanco que baja hacia Sella o que sube hacia Polop, cuyo conductor
es un calvo hasta las cejas... Que sepa de antemano que no es Yul
Brynner, sino un integrante de la Comunidad Budista Guhyaloka, en
viaje de servicio. Esta Comunidad lleva implantada varios años
frente a las peñas del Morer, donde dicen que tiene ocho o diez
casas estratégicamente distribuidas.
Las flores del madroño o Arbutus unedo (Arbocer en valenciano)
Al igual que las del brezo, las flores del madroño son urceoladas.
¿Qué quiere esto decir? Veamos. En las provincias
castellanoleonesas de Zamora y León, al brezo se le da el nombre
de urz o urce (urces en plural). La derivación viene a ser lógica,
pero yo no me atrevería a darla por buena, ni sé tampoco si los
estudiosos lo han hecho.
El pastor y la cabra valenciana
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Tenía
un rebaño de cabras que no podía atender, noventa en
total. Se trata de una cabra blanca, de la especie autóctona
valenciana, cuyo destino es exclusivamente la carne.
Tenía
que vender y vendió. “La ciática, amigo, puede más que
la mejor voluntad” Xátiva es el nuevo destino del rebaño.
Se llama
Pepito, es de Sella, vive en el pueblo, pero sus auténticas
raíces se hunden aquí, frente a la Fuente del Morer,
frente a las rocas inabarcables y mágicas de este pequeño
paraíso, donde tiene una caseta y un corral y unos
almendros y unas parras y unas higueras. |
Y también tiene
unas brañas o prados donde pastan los diez ejemplares de cabra
que aún viven con él. Uno de ellos es macho. Apuesto, galán,
donoso, mayestático, mandón... Exhibe una barba blanca que
apunta directamente hacia el suelo y una cornamenta horizontal,
retorcida y larguísima, que lo saca del presente y lo convierte
en un cabrón mitológico...
Del otro lado del
valle, del centro geométrico del Peñón, sale el balido de una
cabra....¿Cómo ha subido hasta allí? Las paredes del Peñón no
son verticales, pero casi. Ni hacia arriba, ni hacia abajo. Ni a
la derecha ni a la izquierda. Se va a despeñar...Sólo berrea, la
pobre, mirando con pena a sus hermanas que, además de estar
juntas, gozan de mayor libertad...
-
Ya se habrá dado cuenta de dónde está esa cabra...
- ¿Qué si me he dado cuenta? La he encerrado yo allí, lleva
seis meses... Tenía una pata rota y las otras le pegaban ¿Escapar?
¿Por dónde va a escapar? ¿No ves aquel somier? Es la única
puerta...¿Despeñarse? ¿No le he dicho ya que lleva allí seis
meses? Eso sí, agua, ni gota, sólo la del rocío, la que tiene
la hierba por las mañanas...Se sube por allí, mira... (Yo no veo
nada, ni siquiera lo adivino). Por allí, por una franja de unos
cincuenta centímetros. Para vértigos no es, desde luego...
Escrito
por: Mariano Estrada Vázquez
Jefe de ruta: Gaspar Sellés Ortigosa
Rutero y asesor científico: Joan Piera Olives.
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