|
De
Aguablanca al Lago de Truchillas
Queridos
amigos: ahora que se queman los montes en España y hace calor en
el Sur, que para esto sí existe, ¿no os apetece una tacita de
refrescante agua fresca? En este relato la encontraréis. Agua de
montaña, apetecible y fría. Agua de altura. Agua glaciar. Lago
pequeño, pero lago. Sin turismo. Con soledad. Con honda
soledad...
Como
en el Sur (del Lago) hay una pequeña pradera, algunas veces hay
vacas, pero también están solas. Amaneceres limpios, noches de
profundo silencio... La descripción es del lago de Truchillas, y
Truchillas es un pueblo chiquito (Truchas es mayor, o eso sugiere
el nombre, pero no lo sé). Ambos están cerca de Muelas, aunque
hay una sierra por medio... Cuidado con sus dientes, llevad un
botiquín, las tiritas las tenéis allí, de frío... (No es
verdad, en agosto se puede uno bañar en el lago, yo lo he hecho a
veces...)
Un abrazo
La espalda de la sierra de la Cabrera, desde esta fuente blanca e
invisible, es una metáfora de lo trascendente. “¿Quién se
atreve a rasgar sus tafetanes negros?”. No sólo es esta china
gigante que tengo ante mis ojos, sino la sierra toda ¿Cómo pasar
al otro lado? ¿Qué hay al otro lado? ¡Ah! San Pedro es el
portero del cielo, pero no es el único. Ni al cielo se accede
solamente desde Madrid. Se puede ir por Vega, por ejemplo,
cortafuegos arriba, y luego campo a través. Aldilá, trasmonte,
plus ultra, trascendencia. La trascendencia requiere imaginación,
tal vez metafísica y engaño. La montaña se cruza con piernas y
voluntad. ¿Sugiere usted que en el trasdós de esta montaña -
tampoco tan difícil de trasponer- hay un enclave celeste, un edén,
algo semejante a un paraíso? No, lo que hay es un circo con
enanos ( por el frío, ¿sabe usted?, monte bajo, naturaleza
rastrera) y un agua que corta los tobillos y enfría las sandías
con la efectividad de los neveros. A propósito: ¿cómo nacieron
los neveros si son anteriores a las neveras, que debían ser sus
madres? No sea usted simple, hombre, ni chistoso ¿O es necesaria
una caballa para que nazca un caballo? Truchas es un pueblo.
Truchillas es un pueblo con lago: lago de Truchillas. Un lago
pequeño, ciertamente, casi un suspiro, casi una lágrima de
Nereida. Laguillo, sería más justo decir. Lagunilla, iboncillo.
La Gunilla y Von Bismark. En el frente sur, entre el lago y el
arroyo, hay una pradera con vacas; el resto es un ribazo de
vegetación adaptada a las alturas y una invitación a la nieve.
El fondo del lago es una alfombra verdosa. Arándanos y vacas en
agosto, nieve en enero, hielo en febrero, *viento en popa a toda
vela*, marzo nidarzo. En Julio ya se puede acampar. Agua,
claridad, virginidad. En enero se hielan las ideas. En agosto hay
vacas. Y están solas. Sin toros, sin maridos, sin pastores. Sin
encanto. Solas. Pero ¿qué? ¿Para qué engañapastores? Las
vacas no son apetecibles. Las terneras, sí, en filetes. Filetes
de ternera. Lo siento, señor, sólo hay estofado de vaca. De la
vaca, la leche y el ternero. Del ternero, la carne. De la carne,
la forma, la contemplación, el rendibú, el teticulo. Es decir,
la vista, el tacto, la caricia, la plenitud gozosa del pecado.
“Después del amor, la tierra / Después de la tierra, todo”.
La vaca es un espectro inquietante en el trasluz de una tienda de
campaña en el verano. Amanecer, diana forzosa. Julio, vamos a
desintegrar la montaña. Empuja. Que las rocas se pongan a rodar
por la ladera. Enero, cúbrela de nieve y de congelación. Agosto
es un goteo en la roca, refrescante y puro, al fondo de la
herradura del lago ¿Por qué te llaman circo? Rosicler.
Amaneceres con fuego. Albas anteriores al Diluvio. Pureza,
ingenuidad, resplandor que se abre a la mañana sobre los cuerpos
que duermen y sueñan y palpitan. Sol que alcanza la lona de la
tienda, que es intimidad de dormitorio. Trasluz. Cuernos de la
vaca. ¡Dios! ¿Qué es esto? Esto es un rumiante, esto es el
pasto, esto es la pradera ¿De verdura? Sí ¿No ves que es una
vaca, tonta? Una vaca tonta ¿Que muerde? Claro, con los pitones.
Y tú metida en un saco. “Dormir, tal vez soñar”. La vaca es
el aguijón de la pereza. Pero muy madrugador ¿no crees? Y qué
pronto es por las mañanas ¿no? ¿qué hacemos ahora? Esperar,
luego se hace más tarde. Los amaneceres de agosto, en el lago,
son esperanzas con abrigo. Caricias trémulas, recogimientos del
alma. La calma nos remite a la inmensidad del universo. Quietud
imperturbable. Limpidez purificadora e infinita. Altitud de miras.
El agua del lago es un espejo de confusión. Observa. Ponte así o
asá. Túmbate, ladéate. Gira la cabeza hasta la horizontalidad
con el terreno. Haz abstracción de la postura. Ahora, dime: ¿dónde
está la montaña? No sé, hay dos montañas ¿Acaso estoy
borracho? Sí, de gozo y de admiración. La realidad y su imagen.
Virtualidad. Identidad. En el principio fue el agua. Luego vino la
luz y sobre el agua se reflejó la naturaleza. La luz se extendió
por la mañana y todo fue transparente y luminoso. Y tus ojos,
mujer, apartados ya de los rumios y del miedo, creyeron en los míos
que, llenos de amor y borrachera, se posaron sobre ti y
contemplaron tus ámbitos hermosos, duplicados por la luz y los
sentidos, igual que la montaña por el espejo del lago. Amaneceres
de altura. Bellezas prontas. Gritos del silencio. Plenitud humana.
Calmas adquiridas. Territorio al alcance de los mortales...
Mariano Estrada
Del libro “Aguablanca: caminos de ida y vuelta”
Volver |