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No
puede ser que, con la disculpa de un acto terrorista, por brutal y
doloroso que sea, vayamos a entrar en una guerra de incalculables
dimensiones e incierto desenlace. No puede ser que a pesar del
desarrollo de la ciencia y de la cultura, que implica sin duda una
apertura del entendimiento, sigamos confundiendo la velocidad con
el tocino. Hay que detener a los culpables, por descontado, y hay
que ponerlos ante la justicia. Lo mismo que se hace, o se intenta,
en Irlanda. Lo mismo que se hace, o se intenta, en España. ¿Por
qué los Estados Unidos han de tener una bula? Que se gasten los
dineros en perseguir a Bin Laden. Que desmantelen sus tramas y
organizaciones. Que intercepten y destruyan sus vías de
financiación. Que allanen el camino a esos países que, al margen
de la implicación de sus dirigentes, sólo tienen miseria. ¿Qué
tiene Afganistán, sino miseria? (Por cierto, su miseria mayor
lleva el nombre de Talibanes). Que usen las vías diplomáticas.
Que usen la cordura. Que usen los ingentes recursos económicos de
que disponen para tender puentes al hambre. Que pongan el
bienestar como esperanza de los desheredados y les ayuden a
emprender el camino hacia una vida digna. ¿Cómo hacer personas
bombardeando chabolas y suburbios? No, la respuesta al terrorismo
no puede ser una guerra. ¿Qué país ha atacado a los Estados
Unidos? Ninguno. El terrorismo es una entidad difuminada y sin
configuración territorial. Puede que algunos de los terroristas
sean incluso americanos. Es más, puede haber terroristas de 20 países
distintos, y ¿entonces qué? ¿Van a declararles la guerra a esos
20 países?
Aparte de su dantesca envergadura, es verdad que la forma en que
se ha llevado a cabo esta barbarie contra los Estados Unidos es
aterradora y macabra, espeluznante y esencialmente maligna Aún
después de ocurridos los hechos, cuesta mucho entender cómo han
podido ser concebidos por una mente humana. Hasta ahora, ni
siquiera se habían concebido en la imaginación de los cineastas
más sensacionalistas. Es inevitable la rabia y la desesperación,
es inevitable el dolor, son inevitables los llantos. Manhattan es
un inmenso cementerio de inocentes. Hay ríos de sangre. El pueblo
americano ha sido humillado y herido. El dolor es auténtico y el
mundo entero se conduele.
Pero el modo de castigar al que mata no es matando, el modo de
castigar a los terroristas no es tratando de convertir en guerra
lo que de hecho sería puro terrorismo de Estado, por más que se
implicaran en ello la mayoría de los Estados del mundo. Con la
cordura, se puede evitar la masacre. Con la razón, se puede
encontrar el equilibrio y las proporciones. Con la justicia se
puede mitigar el dolor y corregir las aberraciones y las
monstruosidades. Con la buena voluntad se puede conseguir que los
caminos hacia la paz se vayan abriendo poco a poco en el corazón
de las personas. Todo ello requiere tiempo y paciencia. Y
mandatarios con grandeza de espíritu, a los que la vasta cultura
de nuestra civilización les haya abierto una ventana en la mente.
Una ventana gigante por la que puedan dar salida a los odios, una
ventana transparente por la que puedan enseñar a los que sufren
un destello de luz hacia el futuro.
Mariano
Estrada, 16-09-2001
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