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LOS POETAS Y LOS NIÑOS

Texto escrito para la Revista Mestre y Cía, del Colegio Público Mestre Gaspar López, de Benidorm, coordinada por mi amigo José Luis Fernández

La capacidad de hacer preguntas es una de las cosas en las que consiste ser niño. Y acaso sea también lo que mejor define al poeta. De manera que el poeta y el niño, además de un corazón abierto, receptivo y gigante, tienen en común un enorme signo de interrogación, que es como un hambre continua, un deseo perenne, una sed insaciable de conocimiento.

Claro que un niño es un ojo multiplicado que dirige sus miradas hacia afuera, en tanto que el poeta -tal vez porque afuera no ha encontrado una total satisfacción-, las suele ir derivando hacia adentro, donde espera hallar la luz o la verdad... ¿Que qué es la  verdad? ¡Ay, amigo! La respuesta a esa pregunta la está esperando el mundo desde antes de Poncio Pilatos, de quien dicen que la tuvo delante. Nosotros nos podemos preguntar ¿Quién gobierna el hambre o el dolor? ¿Qué es el amor o el compromiso? ¿Por qué matan los hombres? ¿A qué conduce el odio? ¿La venganza produce beneficio? ¿Por qué me pesa el labio al pronunciar determinados saludos? ¿Por qué se me desboca el corazón al contemplar ciertas bellezas: unos ojos, una cara, la tierna flor del almendro?... Y entonces el poeta se va haciendo  rumiante, como las vacas, y las noches se hacen pastos en monótono proceso de transformación que se proyectan en libros de respuestas que sólo tienen  preguntas y preguntas y preguntas...

Escribir es eso, una pretensión multiplicada, un constante arañazo, una duda tras otra, una gavilla íntima de interrogaciones, el error tras el error, el intento de dar una respuesta medianamente satisfactoria... Y no es poco. No es poco. A veces las palabras se transforman en palomas de luz y de consuelo. A veces se prolongan en atisbos de tímida esperanza. De hecho, a menudo son acequias por las que corre el llanto o la risa. No estaría mal que, al menos de vez en cuando, sirvieran para hacer reflexionar a quienes de uno u otro modo se han ido apartando de la razón y duermen en el reino de los que ya no tienen conciencia. ¿Que qué es la conciencia? Pues...Una araña gorda que pica en la cabeza de los humanos, especialmente  de los poetas y de los niños.

Mariano Estrada, 01-05-99

 
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