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LOS
OTROS PAISAJES Malo debe ser un artículo cuando necesita apostillas de aclaración. Desde ese reconocimiento, aclaro que los párrafos tomados de Manuel Vicent, con los que evidentemente comulgo, tenían el sentido de apoyar mis propias creencias. Lo que pasa es que en la exposición de la tesis hice de abogado del Diablo; eso sí, con una suave ironía que parece que el lector no percibe, lo que ahonda mucho los males y pone en el autor un suspenso sobresaliente... De
una forma o de otra, más de una vez he escrito que el paisaje de la niñez
es el paisaje del corazón, y que cuando este paisaje se destroza, el
corazón se hace un charco de sangre. Hoy, día 15 de octubre del año que
alertó a los ordenadores,
he encontrado en el diario El País otra forma de exponer esta
tesis: se trata de un artículo de Manuel Vicent,
referido a la especulación y a los procesos edificatorios, del que
he sacado estas líneas: Durante
esa transformación hubo un momento en que a ese paisaje de tu niñez se
le rompió el alma, y aunque ya vivías muy lejos, los especuladores también
a ti te la rompieron. Pues
claro, pero es que el señor Manuel Vicent es un espíritu puro y tiene el
alma hecha de candidez y de exquisiteces; por ejemplo, de lunas de
fragilidad inmarcesible, de gotas de escarcha no pisada, de ave
acostumbrada a la melaza de los aromos y los tamarindos... Pero ¿cómo
andar por el mundo de esa guisa, pateando los bancales con las abarcas
desnudas, mirando hacia el ocaso con ojos de idílica inocencia, sintiendo
la eternidad en la coraza hueca de los caracoles? Señor Manuel Vicent, su
alma de acentos mironianos sólo tiene ojos para ver la epifanía de los
almendros o la blanca inflorescencia de las palmeras, pero detrás del
arbolado candoroso de su memoria de azúcar está la realidad de la vida,
con sus hechos ¿O no es un hecho probado y elocuente que la construcción
de edificios es asaz apremiante y necesaria? ¿Dónde mete usted a la
gente si no construye un pueblo, una urbanización, o amplía los confines
edificables de una ciudad? Una
ciudad puede ser un proyecto de convivencia o sólo una gran constructora
con unos ediles doblegados.... ...
y aún se sigue llamando sacrilegio a un edificio que rompe la armonía de
un paisaje. La arquitectura también es naturaleza, y no debe
diferenciarse del sentimiento de las personas. Ello,
por si había alguna duda de que el señor Manuel Vicent es un excéntrico
muy poco recomendable, un quijote de los pellejos para arriba, un
visionario insufrible e irredento y un místico de tres pares de
santateresas. ¿Qué se puede esperar de un escritor cuya alocada
verborrea se ha expresado así: Cualquier
paisaje, cualquier ciudad, cualquier barrio o plaza tiene un alma, que es
la tuya si la desarrollaste en ese lugar? Pues
bien, pasemos porque las churras se mezclen con las merinas, incluso
porque las peras se sumen con las manzanas, pero ¿cómo unir a las almas
con los ladrillos, si son espíritu vivo contra cerámica muerta? ¿Pueden
las calles o las plazas compartir las alegrías de los corazones, los
besos de portal con sus placeres húmedos? ¿Pueden los colgajos de balcón
discutir con las venganzas de los inquilinos sobre el carácter social de
los jardines? Escolio:
Ya ves, Manuel Vicent: el espíritu burlesco de los adosados propende a la
difamación de los que añoran la niñez y los almendros, como otros
propendemos tercamente a la música. Hoy nos toca mezclar, en nuestra
larga melodía de tristezas, el gorigori adelantado de los paisajes que aún
nos quedan por perder, que no son pocos,
con el memento fúnebre de los paraísos que ya tenemos perdidos,
que son muchos. "Requiescant in pace" todos ellos. Amén.
Aleluya. Mariano
Estrada, 15-10-2000
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