Al
margen del optimismo o el pesimismo, propensión que uno no
adquiere voluntariamente, los matrimonios que llegan a viejos sólo
tienen recuerdos en un lado de la balanza. En el otro hay perdón
e ingravidez, dos caras del olvido.
Y
si esto es así ¿por qué insisten algunos en que Dios premia a
los buenos y castiga a los malos?. De haber Dios, yo creo que
olvidaría las maldades y las ofensas que hubieran cometido sus
fieles, que sin duda son hijos del amor, y sólo recordaría lo
que hubieran hecho de bueno. ¿Qué hay de bueno, mujer? ¿Qué
hay de bueno, hombre?
De
manera que el premio de la contemplación divina, del que no hay
parangón entre los terrenales, sería rigurosamente para todos y
nadie se quedaría en el abismo. Es
verdad que unos cuantos tendrían que ver a Dios desde las butacas
de la última fila, pero eso también pasaen el cine, cuando vas a ver a Banderas.
LAS
CUENTAS
-
Cuando nos llegue la hora, Señora, de hacer las cuentas, a mí me dejas las sumas, que no me gustan las
restas.
Yo tengo aquí, en la memoria, la historia de todas las cosas
buenas. A ti te tocan las
malas, si es obligado
ponerlas.
Que yo no sé si no es lerdo andar detrás de un
recuerdo que tiene el mal en
las huellas. Si ha sido bello el
conjunto, pongamos sólo las
bellas. Y punto.
-Y
punto bien obligado, querido, pues para hacer un
restado no hay que tenerlo
olvidado, si alguna vez se ha
sabido.