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Si para unos es “Justicia Infinita” y para otros es “Santa”,
¿dónde está la maldad de la guerra, supuestamente intrínseca? ¿Quién
sufrirá el dolor y el
exterminio? ¿Quién
cometerá los saqueos y las violaciones? ¿O será una guerra aséptica
e indolora, de cadáveres sin
imágenes? ¿Saldremos
al campo de batalla unos con un juez y otros con un
ulema?
¿Por
qué “Justicia Infinita”, si esa dama ciega no anda más de dos
pasos sin prestarse a ser dirigida por los efímeros mortales,
siempre que sean ricos? ¿Y por qué “Santa”, si
va llenando el campo de desolación y de muerte? ¿Hay tanta
distancia entre la Religión y la Justicia como para tener que
salvarla a puñetazos? ¿Puede la Justicia de Bush otorgar la
santidad a un montón de afganos inocentes que van a verse sin vida,
por supuesto, pero también sin huríes? ¿Puede impartirse Justicia
con unas manos manchadas? ¿Pueden los talibanes mandar a la guerra
a unos muertos, más o menos vivientes si se miran de una forma
optimista? ¿Y así redimirán, tal vez,
su pecado tremendo
contra las mujeres? ¿Pueden los terroristas utilizar el nombre de
Alá o de Dios sin quedarse automáticamente petrificados? ¿Hay
pueblo que pueda seguir racionalmente los dictados del crimen? ¿Hay
pueblo que aguante eternamente los escarnios del hambre, la anulación
completa del orgullo, el delgado alfiler de la desesperanza? ¿Hasta
qué punto un hombre puede acorralar a un gato sin que el gato se
rebele? ¿Es lícito hacerlo? ¿Y si el gato es otro hombre y ese
hombre un día le suelta un par de puñaladas? ¿Habrá que matarle
en su descendencia? ¿Habrá que entregarle a un tribunal de
justicia? ¿Habrá que analizar las causas de su crimen para evitar
al menos que se repita? ¿O matamos al gato y seguimos
simplemente viviendo?
¿Quién
dicta los grados del terror? Los
beneficiarios del tráfico de armas, o de drogas que se convierten
en armas, ¿están capacitados para hacer una Guerra en la que van a
morir personas con sentimientos? ¿Pueden los espíritus sin escrúpulos
hacer una guerra en nombre de Dios o de Alá o de la Justicia?
Por último: ¿no podríamos arreglarnos con la justicia finita e
imperfecta de los tribunales internacionales, ante los que hay que
poner a los terroristas y a sus cómplices, desde luego? ¿No podíamos
arreglarnos corrigiendo los errores cometidos en el pasado, que son
gordos y muchos? ¿Alguien cree en serio que una guerra vale para
algo más que para hurgar en las heridas y aumentar los cementerios
y la miseria?
Si
la razón de los hombres no es capaz de separar el grano de la paja
en los recientes y venideros acontecimientos,
es posible que los acontecimientos no puedan separar al
hombre de las terribles consecuencias que de ellos se
deriven, ni tampoco de sus futuras lamentaciones. La guerra es
siempre un error. Y los errores se pagan.
Mariano
Estrada, 25-09-2001
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