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IMPUESTOS
ERÓTICOS En
cuestiones de índole social, el tiempo -y especialmente la izquierda-,
han ido perfilando un determinado voluntarismo del Estado si no hacia la
igualdad absoluta, que ya se sabe utópica,
sí al menos hacia una relativa justicia distributiva. En asuntos
del amor, por contra, la ventaja mira siempre a los guapos. Hay de ellos
que, con un abuso de orden hiperbólico,
cuentan sus retozos por miles, y aun por decenas de millar. Claro, unos
ojos molones, una boca chachi, un cuerpo dabuten... El
problema es que los dones naturales pertenecen al acervo protegido, es
decir, son haberes que no pagan impuestos.
Y no es justo, porque el esquilmado patrimonio nacional podría tener a
costa un amplio banco de semen, que, por cierto, a la vista del raleo coetáneo
de espermatozoides, pronto empezaremos a necesitar. Así
mismo, podrían aceptarse las prendas con vitola de concomitantes, que aquí
las hay de varia intimidad y
de más o menos fina lencería (Por ejemplo, hay ropas pegadas a
famosillos que podrían ser objeto de una prolongada subasta). Y los pagos
en especie, hoy tan en desuso, recaudables por
inspectores de hacienda o,
bajo su mando y delegación, por cualquier atribulado contribuyente que
por lo común no se jale una rosca. Esto entrañaría, además, un claro
deslizamiento hacia el rojo de la caridad y de la misericordia que, como
se sabe, es lugar común de muy reconocidos agentes, como es el 007 y La
Iglesia. (Vaya, se nos ha colado el espía) Claro
que, al igual que la belleza, los
actos de los hombres que no implican negocio, en puridad razonable y
legalista tampoco son susceptibles del normal devengo de
impuestos, y menos si es anárquico e indiscriminado; por lo que en
años sucesivos habrá que vindicar un referéndum para modificar en ese
punto La Constitución. Y el Estatuto
de la galantería. Y el vigente ordenamiento penal que, como diría el
poeta Ángel González, es el de las almas en pene, es decir, el del
carajo... De
momento, lo que sí se puede hacer es legalizar los prostíbulos y, a
partir de ahí, que cada palo aguante su IBI, su IVA y su parte
subsiguiente de IRPF. A ver si así se empina el erario y tenemos un
orgasmo del Producto Interior Bruto que, sumado al onanismo de la economía
sumergida, a la chapuza
nacional y al "España
va bien" , en algo aliviará nuestras bocas. O alguno de nuestros
muchos agujeros, que la necesidad es diversa y el hambre no es igual para
todos. Mariano Estrada
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