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“Cuando el coraje del pensar brota del
reclamo del ser, entonces florece el lenguaje del destino”
(Desde la experiencia del pensamiento, M. Heidegger)
Fuera
o no fuera pensador del nazismo (que eso, como dice Haro Tecglen, se
sabe, pero se disimula), lo que en su día leí de este filósofo
alemán, y por más señas existencialista, me proporcionó momentos
de auténtica distracción. De hecho, desde las lógicas
limitaciones de un lector aficionado a la filosofía,
recuerdo vagamente sus teorías del ser como algo verdaderamente
desconcertante, casi como un juego de palabras. Un efecto normal,
supongo,
pues al fin y a la postre yo he sentido siempre una gran
atracción por el lenguaje, del que el propio Heidegger dijo:
"El lenguaje es la casa del ser. Bajo su protección vive el
hombre. Los pensadores y los poetas son los que velan esta protección"
(La carta sobre el humanismo).
De
alguna de aquellas ya lejanas lecturas salieron estos versos
irónicos y descreídos que ahora expongo aquí, no por su
relevancia, sino porque la ocasión es propicia.
LA
NADA MISMA ANONADA
Heidegger
-o Sartre,
no recuerdo ahora-,
dijo de la nada que anonada.
Claro
que anonada.
La sentencia es floja.
Es como decir que el agua moja;
o lo que es peor:
que está mojada.
Siguiendo
este hilo existencial,
tautológico y enteco,
el que dijo "a-no-nadar"
recomendó sin pensar
permanecer en lo seco.
Nota: He comprobado que la proposición es de Heidegger.
Curiosamente, para rebatirla, Carnap afirma que decir "La nada
misma anonada" es tanto como decir "La lluvia
llueve".
Mariano
Estrada
(De El Limón Hespérico)
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