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EL QUIJOTISMO Y EL HECHO DIFERENCIAL

 

 A Fernando Medrano, que anduvo más de 1.600 km. para fotografiar un pequeño molino harinero

 

El Honorable Presidente de una de las diecisiete comunidades en que se divide esta España que engulle a sus toreros pero no a la Virgen María,  circunstancialmente llamado José Bono,  muy bien podría decir que un manchego es aquel que, hasta ahora, no se había dado cuenta de que el quijotismo es un hecho realmente diferencial, a no ser, claro, que el referente trascendiera los mares y los Pirineos.   El humorista José Luis Coll, cuya afinidad con el mentado Presidente desconozco pero  que puede ser amigo por derivación, y a mucha honra, posiblemente dijera que  manchego es todo aquel que mancha el ego, generalizando una excepción con agravantes de nocturnidad y gran dispendio de efluvios, acaecida en la persona de D. Sancho, escudero de sal y de desgracias, por el influjo de un miedo de batanes y cierta clase de soltería.

  De otra parte, demostrando que en algunas ocasiones lo que ocurre en nuestra  casa se ve mejor desde fuera, un zamorano exiliado, de nombre León Felipe, oyó el relincho más hondo que un caballo haya dado en el mundo:  un caballo manchego que, desde Cervantes hacia acá, ha venido aguantando el esqueleto íntimo de España. En los sensibles oídos del Poeta,  el relincho de Rocinante adquirió la onomatopeya extraña de la Justicia, porque ésa, y algunas otras cosas, fue la tilde que le había dado  Picasso, otro genio del éxodo... A propósito, la gresca de la autodeterminación, ¿no será una suerte de venganza por el apaleamiento de El Vizcaíno? 

Bromas aparte, ¿cómo sospechar siquiera, desde el interior de esa hermosa llanura cervantina, que el Caballero más triste e hilarante del orbe, y también el más molido y manteado y andrajoso, pudiera convertirse en materia de vindicación bajo el marbete de un hecho diferencial? ¿Cómo sospecharlo si, desde el ya lejano tiempo de las andanzas de ese loco admirable que se llamó D. Quijote, la primera vez que un manchego ha levantado  la voz no ha sido para crear baratarias, sino para preservar la belleza?

Hace poco tiempo, y creo que con escasa fortuna, hemos asistido al bautizo de un grupo poético cuyos componentes no han tenido reparos en llamarse a sí mismos los poetas de la diferencia. ¿Es que la diferencia ha calado tan hondo que hay que hacer farallones para albergar la minucia? Hasta ahora, y gracias a la machaconería de un tópico, sabíamos que España era, en efecto, diferente. Además, desde el punto de vista del poder -acaso de la orientación,  del patrimonio y de la guerra-, se aceptaba que había dos Españas, una de ellas de hielo.  Hoy  sabemos que hay Españas tribales, cantonales, forales, centralistas, periféricas,  autonómicas, separadoras, separatistas,  federales, nacionalistas, idiomáticas, autodeterminativas... Claro que, detrás de la frondosidad, como un  mármol de pena y mausoleo, puede estar esa España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, que, al parecer, es nuestro vínculo más firme, nuestra  unidad más consistente, nuestro posibilismo más lógico.  

                 Dicho lo cual, ¿qué dificultad existe en entender lo que es un manchego? Pues un manchego es un hombre que, montado en su caballo de afición,  recorre una caterva de kilómetros para fotografiar un molino carballés (1) -no gigante, por cierto-, lo que tiene determinadas concomitancias con una de las crónicas más célebres de nuestro  Andante Manchego Universal que, a lomos de un jamelgo de hueso y pedorreta (el relincho era viento del futuro), salvó una distancia parecida para ir a visitar Barcelona. Allí, sobre la arena de la playa, en un estado de gran  elevadura, logró ver a su antojo la realidad más genuinamente diferencial. ¡Qué grande!  -pudo haber pensado-. Y,  lleno de un mar de complacencias  -según apreciación imaginada-,  dio el viaje por bueno, ya que estas cosas requieren que se las vea de frente y en su sitio.

 

Mariano Estrada, Villajoyosa, 06-06-96

 

(1) Natural de La Carballeda, Zamora, comarca cuyo hecho diferencial, además de relincho de caballo, es aullido de lobo

 
 
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