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El concurso de cuentos "Ciudad de Villajoyosa"

 El Concurso de Cuentos “Ciudad de Villajoyosa”, cuya solera alcanza ya la nada despreciable cifra de las 30 ediciones,  tiene en su jurado a componentes tan prestigiosos como el Premio de las Letras Valencianas, Enrique Cerdán Tato, así como a algunos ilustres profesores y catedráticos de la Universidad de Alicante, incluyendo al vicerrector de la misma, José Carlos Rovira,  sin olvidar al poeta y bibliotecario local José Payá Nicolau.  Por lo tanto, mi aportación, si es que es alguna,  no está tanto en lo técnico-literario como en lo numénico-intuitivo. Y si no digo lo poético es porque a lo mejor es necesario que los géneros conserven su ya arraigado deslinde, si bien yo tiendo a asumir este sorprendente aforismo que el gran cuentista Borges no sabe si atribuir a Páter o a Mallarmé:  “Todas las artes propenden a la música, el arte en que la forma es el fondo”. 

 Pero antes de abordar otras cuestiones, conviene señalar que estamos hablando de un concurso que no sólo ha resistido el paso del tiempo, lo cuál es evidente, sino también los múltiples avatares de la política, de los que bien puede decirse que han sido realmente variados y abundantes. No olvidemos que viene del franquismo (tardofranquismo, para decirlo de una forma umbraliana), que cruzó con entereza la Transición y que, finalmente, se acomodó en esta democracia imperfecta donde, por fortuna, no se ha inclinado al color de los sucesivos gobernantes, sino que se ha ido repartiendo, invariablemente,  según los merecimientos derivados de la calidad.

 Y es ahí, en la calidad, donde creo que el concurso necesita una cierta revitalización. Me explico. Está claro que entre las obras presentadas –que este año han sido en número de 340-, siempre habrá 20  que pueden alcanzar la final y, de éstas,  dos o tres que pueden alzarse dignamente con el premio. Pero, después de tan copiosa lectura, uno se queda con las ganas de ver pasar por sus manos ese cuento preciso que, traspasando el mero plano de la dignidad, ascienda a los espacios siderales de la excelencia literaria, de modo que el jurado se vea en la necesidad imperiosa de proclamar  a los vientos: sí, señor, he ahí una pequeña obra de arte. 

 ¿Y esto se puede conseguir? Yo creo que sí, que es posible. Desde el punto de vista literario, España es un filón inagotable y extremadamente rico. Máxime si, dada la internacionalidad del concurso, recibe estimulantes aportaciones de un extranjero cercano, como es la América hispana ¿Qué hace falta, entonces, para que surja de pronto ese cuento excelente?  A mi modo de ver, hay tan sólo dos cosas que pueden incidir en el asunto: dotación y prestigio. Y cuando digo prestigio me refiero a que el hecho de ganar el concurso signifique un allanamiento literario importante en el futuro del ganador. Tal ocurre con el Premio “Adonáis” de Poesía, por citar un caso notorio, pero no con el Concurso de Cuentos “Ciudad de Villajoyosa”. De manera que nos queda la dotación. Y cuando digo dotación digo dinero, sencilla y llanamente. No hace falta mucho tampoco, no vayan a creer que me adhiero  a determinadas megalomanías que ahora están en boga, pero sí el suficiente como para concitar el interés de los que, de verdad,  se sienten escritores de este noble género, porque es entre ellos donde hay que buscar a los mejores. De ahí puede salir esa joya precisa y preciosa que, según el presidente del jurado, D. Enrique Cerdán, “hace diez años que esperamos”.

 Ello sea dicho desde la honestidad, respetando opiniones diferentes a la mía y con el único propósito de prestar un servicio a esta ya honorable  institución literaria que los vileros debemos mantener, con orgullo, en el alto lugar que siempre ha tenido.

 

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