El
día que se calle el amor habrá un terrible silencio. O acaso empiecen
a oírse los tambores sordos del vacío, de la noche recurrente y repetida
y ciega, de la jungla inabarcable, la soledad frente a Dios, la nada.
Por fortuna, el amor es una sabia que se renueva y, mezclada en el
barro, siempre habrá una gota que resista los embates de los tiempos
secos. Una lágrima, una risa, una mirada... Esas cosas nos salvarán de
la química o la muerte.
Mariano Estrada Vázquez
QUE
NO ME MIREN TUS OJOS
Que no me den golosinas
tus ojos negros.
Que yo en lo dulce no creo.
Mi credo está en las esquinas
bajo las ruinas
de un beso.
Que no me mande tu cuerpo
dulzuras vanas.
Por fuera van las mañanas,
las tardes van hacia adentro.
Mi corazón va hacia adentro.
A mí me pesan las luces,
a ti te elevan los vientos.
Que no me miren tus ojos,
que no me miren, no veo.
La tarde va hacia la noche,
la noche es negra, soy ciego.
Tus ojos verdes, azules,
azules, verdes... ¡Qué negros!
COMO BARRO
Como barro te quiero, como arcilla,
sin tamiz ni remiendo ni censura;
con la esencia mortal o levadura
con que fue modelada la costilla.
Te requiero mujer, no mantequilla
ni artificio de libro o de pintura.
Que te abunden en barro la cintura,
la cadera, los pechos, la rodilla.
Porque barro naciste, de semilla
que fue barro anterior en andadura
al barniz, al disfraz, a la cultura.
Y del barro tuviste la mancilla
que yo quiero ensanchar hasta la orilla
de la tierra final, la sepultura.
DISOCIACIÓN
Mi
cuerpo va por la calle
con paso lento;
mi corazón por el aire
liviano y presto.
La
calle es sólo rutina
por donde el cuerpo camina
gimiendo.
Tristeza
y peso.
El
aire es canto de cuna,
vuelo de pluma
ligero.
Sólo
en la luna
me quedo.
Aire
con aire y espuma
de viento.
Mercurio,
plomo, la tierra...
Tierra y más tierra
mi cuerpo.