DESENGAÑO
CON APAÑO
No
te extrañe
que te engañe
si me dejas siempre sola.
No
me vengas, Faraguyas,
con alguna de las tuyas.
¡Gilipollas!
Y
no me andes con pamplinas
ni me compres golosinas,
que no trago.
Lo
que hago
lo refrendo.
¡Reverendo!
Y
a las tales, apercibe
lo que sigue.
Verbi Gratia:
No
reguñas.
No te pongas de pezuñas.
¡Pieses planos!
¡Huesinalgas!
Ni
me digas
tantas veces,
Cascanueces,
que las ligas
se me bajan.
Que
no aguanto pequeñeces,
¡Comprimido! ¿Te percatas?
Y
no soples, que me oreas.
¡Ventolero!
¡Soplagaitas!
Es
decirse, Comadreja:
ni una queja.
Que
quien anda con fulana
de mañana,
ya supone
lo que expone,
¡Corleone!
Lo que deja.
Y
me consta, Zacarías,
que te lías.
Y te vas con esas tías
que mondongan, en resumen,
el cerumen
de la oreja.
Y
quién sabe
si hasta el coco del oído
te han lamido.
(Que ya es cosa repelente,
mi Teniente.
¿Cómo ha sido?)
Deja,
deja...
¡Resumido!
Que te aguanten el corrido
tus Galufas.
Y
si quieren,
que te ondulen la pelana,
¡Rasmayana!,
y te pongan las orejas
tan calientes
como estufas.
Esa
torta
no me importa,
Maragato.
Pero...
¡Chato!,
¡Pablo Porta!...
No es derecho
que te guinden el barbecho
cuatro brujas,
y apechugue yo el relato
perorato,
con las plastas e intenciones
que le pones.
Porque,
¡leches!, es que atufas.
Es que sueltas perdigones
a montones
cuando bufas.
Ya
lo sabes, Jenofonte:
vete al monte.
¡Carapones!
Y
a lo sumo, Romanones,
menos lobos.
Que la casta,
cual se dijo,
se demuestra en la canasta,
Lagartijo.
¡Con balones!
Y
por ende
me comprende
quien me usa.
Y me abusa.
Y se aviene en los botones
de mi blusa.
¡Donde sea!
O
se sea,
Lanzarote:
¡date el bote!
Que
además hay otra cosa,
¡Mariposa!
Que me gusta a mí el cogollo
del cetollo
con bigote.
Que
me enciende ese galope
rocinante
del amante.
Ese trote
que se sube y que se baja
por la faja.
¡Sancho
Paja!
¡Don
Pijote!
Mariano
Estrada
De
El limón hespérico