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Texto escrito para el programa del 7º aniversario de la muerte
de Paco Llorca, en el que el hispanista Ian Gibson nos ofreció
una conferencia sobre Lorca, de quien es destacado biógrafo.
Gracias a los actos que venimos celebrando cada año en honor de
Paco Llorca, hemos
podido mantener con la poesía ese contacto indispensable para
ahuyentar por un momento los nubarrones negros de la pena; para
extraer de las flores enterradas algún botón de orgullo y de
melaza; para llevar hacia un alba luminosa y esperanzadora
nuestra adormecida sensibilidad, ya bastante hecha a su condición
de gazapo sojuzgado por una
peculiar misomatosis: la del mercantilismo y la prisa.
En esa enfermedad en la que estamos, entre empujones
atropellados y acuciantes vértigos, se ha difuminado una parte
de nosotros. Pero nos sigue quedando la palabra, como a Blas
de Otero, y con ella consagraremos nuevamente la primavera,
que es la estación de la vida,
para lo cual nos apoyaremos en primaveras ya consagradas:
la de Strawinsky, que
es música venal y sensitiva; la de Alejo
Carpentier, que es verbo polinizado y generoso compromiso;
la de Vivaldi, que es
la savia madre de un año intemporal, musicalmente magnífico; y
la de Zóbel, que
además de imagen
sencilla y multiplicada sugerencia, es la yema de un árbol en
un campo profuso de floración y transfiguraciones.
Desde una constante admiración, evocamos nuevamente a este
artista llamado Paco Llorca que, por estar en el recuerdo de
tantos, ya es patrimonio de todos. Y ello a pesar de los
elementos institucionales que tanto se complacen en su papel de
domeñadores de espíritus, especialmente si, como el suyo, son
indomeñables y rebeldes. Ése es, además de la magnífica
interpretación que Paco hacía de sus textos,
el gran punto de encuentro con Federico
García Lorca, trágico
abanderado de los poetas malditos. Su biógrafo más
internacional, el escritor Ian
Gibson, sabe hasta que punto lo fue, y nos lo va a relatar
en esta charla que tiene como principal objetivo reivindicar la
Poesía como parte inseparable de la vida;
la Palabra, como elemento primordial de cohesión entre
los hombres; y la Libertad como principio de un respeto profundo
y ecuménico.
Benidorm,
01-03-99
Mariano
Estrada
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