Si en algún lugar conviven la literatura y la sensualidad es en ese mágico
libro en el que, bajo el título "Años y Leguas", Gabriel Miró
recoge una buena parte de la riqueza natural de La Marina Baixa y otra
buena parte de la idiosincrasia de sus gentes. Claro que, desde entonces
para acá, han cambiado mucho las cosas de estaespléndida Comarca alicantina, tanto en su interior de bellezas
-que poco a poco devoran los grandes caracoles con restaurante-, como
especialmente en su costa, donde un nucleo como Benidorm, compendio de los
grandes desarrollos urbanos, ya no es "el
baño disantero de ricos en vacaciones" , como dijo el propio Miró,
sino una ninfa gigante, una populosa y democrática sirena desparramada
por calles y rincones y levantada hacia el cielo en una clonación de
edificios. (Salvo en Terra Mítica, donde han clonado culturas anteriores
a la existencia de los rascacielos; eso sí, lo han hecho "sobre el
humus de un antiguo bosque mediterráneo" y con las artes
incendiarias de la primera de las antiguas marías...)
Entre ese gran poeta sin versos, inexplicable e injustamente relegado, y
esta "nueva Jerusalén que ha
erigido su templo y sus estatuas en la arena recurrente, el barro
proceloso, el polvo innumerable", media todo el turismo del
mundo, fenómeno del que se ha hecho profesión y que ha cambiado no poco
la fisonomía de este hermoso Levante que, según el autor del relato"Benidorm. Un extranjero. Callosa", "eramás poderoso que la sabiduría británica". Sentencia,
naturalmente, referida a la sensualidad, que es lo que ha acabado
atrapando no sólo al europeo civilizado, congelado y urbanizado, sino
también al españolito de a pie que huye en cuanto puede de aquello hacia
lo que va, que es el norte magnético-económico, que es la mundialización
productiva, que es la predicada modernidad en trenes que persiguen al
tiempo o pescadillas que se muerden la cola...
Constatado este hecho con claridadmeridiana
e irrefutable, lo que hace falta saber es si es bueno o es malo, cosa
ciertamente difícil pues carece de contraste con un desarrollo
alternativo. En general, se ha ido aceptando como bueno, especialmente por
gentes que, de la noche a la mañana, han visto medrar sus alcancías
mediante la conversión de los huertos en solares yde las naranjas en viviendas, que es algo así como la multiplicación
de los panes y los peces a este lado del tiempo y del Charco. Lo que sípuede objetarse abiertamente -aparte del impacto brutal en el
paisaje-, es la necesaria servidumbre que a cambio se ha debido imponer,
pues lo que antes fue un pueblo labrador, artesano o marinero, ahora es
una pura sociedad de servicios, con todo lo que ello conlleva. Y lo que es
más preocupante,irreversible
y vitalicia.
¿O alguien piensa que, en términos generales,España puede ser ya nunca otra cosa? Con estos o aquellos
romanticismos, con unas u otras reminiscencias o particularidades, pero, a
fin de cuentas,una sociedad
de servicios europeizada, burocrática, mayoritariamente urbana. Y encima,
con un campo sembrado por doquier de rumorosos mamotretos eólicos, algún
que otro armatoste térmico de ciclo combinado y unas largas cabezas de
hormigonada hidrología nacional. No van a quedar libres ni los prados
para una eventual convalecencia de las vacas cuyos males no alcancen la
incineración ni la carnicería.
Mariano
Estrada
Otros
documentos en esta sección
Paisajes Literarios. La Web de Mariano Estrada.
® Mochuelin
Design.
2001. Todos los derechos reservados