Esta
es la crónica de un suceso importante en el desarrollo político
de la España de los últimos tiempos: las primeras elecciones a
Cortes. El cromismo exhibido en las mismas era de una riqueza
punto menos que innúmera. Habíatantos partidos que a alguien se le ocurrió preguntar: “¿los
televisan todos?” Sin embargo, aquí se recogen solamente los
que, a escala nacional, jugaron un papel relevante en esa etapa núbil,
esperanzada e incierta, en la que los ultras daban pánico a las
mayorías y los nacionalismos eran gérmenes con principio de
interrogación, por lo menos hasta entonces.
En
resumen, ni el rojo ni el azul. Como aún no había llegado
Hawking con el big bang, la disposición de la gente tenía un
claro deslizamiento hacia el Centro, con sus colores pálidos.
Tanto es así que en un futuro próximo, con la única excepción
del terrorismo, nos íbamos a quedar sin extremidades.
La
verdad es que fue una etapa ingenua y transparente, casi
inconcebible, de la llamada Transición, con una lucha noble por
el poder en la que, como norma general,no cabían traiciones ni escándalos ni insultos. Al
contrario, la cortesía se hizo eco de esta expresión machadiana:
“Usted primero. ¡Oh, nunca, nunca, nunca! Usted delante”.De hecho,algunos
no paraban de decir: “seamos francos”. A lo que otros
replicaban con libertad y sin ira: “no, señor, realmente
queremos ser otra cosa”.
Ganó
la UCD.
CROMISMO
POLÍTICO
Se
auspiciaba,
por sencillo,
un auténtico sabor a mercadillo.
Era
dado
como público y sonado.
Y aunque enorme se esperaba,
no tan tan se barruntaba
de variado,
de tan tanto colorcillo.
Los
pecistas, por un lado,
se presentan al mercado
con martillo.
Es
lo justo
para no llevarse un susto;
porque acaso en las andadas,
camaradas,
se les floje algún tornillo
del Carrillo.
Por
su parte, los de antaño,
tan Fragantes
como antes.
Los
de centro,
suavizantes,
descontentos...
Pero
hay más:
las ultranzas de derechas,
imperantes,
aPiñadas, "ensamBlás".
Y
los muy socializantes
de la izquierda,
van tirando de la cuerda
lo normal.
Salpicando Tiernamente
la Galbana
Hegeliana
con Filípicas de Marx.