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Comentario a la carta a D. Fernando Lázaro Carreter Amigo
Mariano: Ignoro
si Don Fernando contestó a tu carta y si te expuso razones que apoyaran
su peculiar uso del verbo entrar
en aquella frase suya que decía que las palabras accesible
y asequible "no necesitan
ayuda para triunfar, por su vulgaridad, y el Diccionario académico acabará
entrándolas bajo palio". Le
he dado vueltas al verbo, que se las trae, y he realizado algunas
consultas que pudieran arrojar luz sobre la materia. Como suele ocurrir a
menudo, el análisis que debemos emprender no es meramente léxico sino
también sintáctico. Apuesto a que Don Fernando jamás te ofrecerá
explicaciones de este tipo, no ya por ser tozudo maño, sino porque
cualquier enfoque estructural carece del más mínimo valor para él. Pues
bien, al asunto vamos por partes. El diccionario entró bajo
palio una acepción del verbo entrar,
seguramente hace ya bastante tiempo, que reza así: (Transitivo)
Introducir o hacer entrar. Por
ser acepción muy poco usada justa extrañeza provoca en la mayoría de
los hablantes actuales del castellano. Esta acepción está recogida por
el DRAE con el número de orden 27, lo que muestra bien a las claras lo
esporádico y excepcional de su empleo. También
se permite la formación pronominal, como se recoge en la primera acepción
del verbo: (Intransitivo)
Ir o pasar de fuera adentro. (Úsase también en sentido figurado y como
pronominal) Si
pensamos en las implicaciones semánticas que el verbo entrar
posee en su uso pronominal, llegaremos a la conclusión de que el sujeto
que rige a dicho verbo debe ser sujeto animado. El
perro se
entró en la caseta cuando empezó a llover En
cuanto estemos todos (todos nosotros) nos entramos a tomar algo en
este bar El
uso del verbo como transitivo obedece básicamente a la misma justificación,
con la única diferencia de que el actor y el beneficiario de la acción
no coinciden. Bastante inusual también, como ya se ha dicho, es su uso
actual. No obstante, hay contextos en los que parece encajar bastante
bien; otros muy parecidos, sin embargo, en los que empieza a rechinar los
oidos (las meninges, que diría Don Fernando): Juan,
en cuanto puedas entra las maletas en casa Juan,
en cuanto puedas entra las maletas en la casa Juan,
en cuanto puedas entra las maletas en el coche (?)
¿Vas a entrar el coche en el garaje o vas a dejarlo en la calle? (?)
Juan, en cuanto puedas entra las maletas a la casa (?)
Juan, en cuanto puedas entra las maletas al coche He
ordenado estas cinco frases en una escala de naturalidad decreciente, es
decir, trátase la primera de la menos extraña y la última la que más.
Evidentemente, dicha escala es subjetiva y variable en función de la sensibilidad
lingüística de cada cual y sus propias costumbres idiomáticas. Podríamos
iniciar una larguísima discusión léxico semántica sobre aspectos y
matices, tales como la naturaleza de la introducción, quién la realiza,
el objeto o ente que se introduce, el lugar dónde se introduce, etc. A
continuación se muestran algunas frases con el único propósito de hacer
pensar en estos aspectos: (??)
Entra los platos sucios en el lavavajillas Entra
los platos y colócalos sobre la mesa Entra
a los niños, que ya tienen la cena preparada (nótese
que en estas dos no se especifica dónde, pero de la situación se podría
inferir fácilmente) (??)
Entra estas cartas en sus sobres y échalas al correo (??)
Mete estas cartas en sus sobres y éntralas en el buzón (??)
Con sus declaraciones a la prensa, nos ha entrado a todos en un buen lío Para
terminar, a continuación reproduzco algunos fragmentos de nuestros clásicos
con el uso transitivo o pronominal del verbo. No pretendo con ellos
hacerte caer de la burra, sólo que te sirvan de brevísimo solaz
literario. El
Lazarillo de Tormes (Anónimo) Usaba
poner cabe si un jarrillo de vino cuando comiamos, y yo muy de presto le
asia y daba un par de besos callados y tornabale a su lugar. Mas turome
poco, que en los tragos conocia la falta, y por reservar su vino a salvo
nunca despues desamparaba el jarro, antes lo tenia por el asa asido; mas
no habia piedra iman que asi trajese a si como yo con una paja larga de
centeno, que para aquel menester tenia hecha, la cual metiendola en la
boca del jarro, chupando el vino lo dejaba a buenas noches. Mas como fuese
el traidor tan astuto, pienso que me sintio, y dende en adelante mudo
proposito, y asentaba su jarro entre las piernas, y atapabale con la mano,
y ansi bebia seguro. Yo, como estaba hecho al vino, moria por el, y viendo
que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valia, acorde en el
suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sotil, y delicadamente
con una muy delgada tortilla de cera taparlo, y al tiempo de comer,
fingiendo haber frio, entrabame
entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla
lumbre que teniamos, y al calor della luego derretida la cera, por ser muy
poca, comenzaba la fuentecilla a destillarme en la boca, la cual yo de tal
manera ponia que maldita la gota se perdia. Novela
De La Gitanilla (Novelas Ejemplares, Cervantes) Llegóse
la noche, y, siendo casi las diez, sacaron a Andrés de la cárcel, sin
las esposas y el piedeamigo, pero no sin una gran cadena que desde los
pies todo el cuerpo le ceñía. Llegó dese modo, sin ser visto de nadie,
sino de los que le traían, en casa del corregidor, y con silencio y
recato le entraron en un
aposento, donde le dejaron solo. De allí a un rato entró un clérigo y
le dijo que se confesase, porque había de morir otro día. La
Galatea (Cervantes) Erastro
fue a su cabaña, que no lejos estaba, y, trayendo suficiente aderezo,
hizo una sepultura en el mesmo lugar do el cuerpo estaba, y, dándole el
último vale, le pusieron en ella; y, no sin compasión de su desdichado
caso, se volvieron a sus ganados, y, recogiéndolos con alguna priesa,
porque ya el sol se entraba a
más andar por las puertas de occidente, se recogieron a sus acostumbrados
albergues, donde no su sosiego dellos, ni el poco que sus cuidados le
concedían, podían apartar a Elicio de pensar qué causas habían movido
a los dos pastores para venir a tan desesperado trance; y ya le pesaba de
no haber seguido al pastor homicida, y saber dél, si fuera posible, lo
que deseaba. Nazarín
(Galdós) No,
señor; yo estoy hablando, si me dejan, hasta el día del Perjuicio final,
y cuando me muera hablaré hasta un poquito después de dar la última
boqueada. Pues verá usted..., la tiré con la navaja en semejante parte y
en semejante otra, con perdón..., y si no me desapartan, la mecho... La
mitad del pelo de ella me lo traje entre las uñas, y estos dos dedos se
los metí por un ojo... Total, que me la quitaron y quisieron asujetarme;
pero yo, braceando como una leona, me zafé, tiré el cuchillo y salí a
la calle, y de una carrerita, antes que pudieran seguirme, fui a parar a
la calle del Peñón. Luego volví pasito a paso..., oí ruido de
voces..., me agazapé. La Roma y Verginia chillaban, y la tía Gerundia
decía: "Ha sido Ándara, ha sido Ándara... " Y el sereno y
otros hombres..., que dónde me habría metido, que por aquí, que por allá...,
y que me buscarían para llevarme a la Galera y al patíbulo... Yo que oí
esto, ¡contro!, me voy escurriendo, escurriendo, pegadita a la pared,
buscando la sombra, hasta que me
entré por esta calle de las Amazonas, sin que nadie me viera. Un
abrazo,
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