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Chilindrinas

  Como saben bien mis “íntimos”, tengo una cierta propensión a “amenizar” las reuniones con alguna que otra chorrada, a veces inventada al rebufo de la conversación, a veces extraída de las capas superficiales de la memoria. ¿O habrá chorradas profundas? En todo caso, se trata de intercalar en los diálogos una ocurrencia graciosa y chispeante que, además de venir a cuento, cumpla la función de divertir. Pues bien, algo de eso me ocurre cuando, a falta de interlocutores, converso con el hombre que siempre va conmigo. No sé, a veces la bebida es muy fuerte para digerirla en soledad y conviene rebajarla con una cierta ironía, con alguna dosis de humor. Tengo que decir, sin embargo, que la chorrada es efímera, fugaz e intrascendente, en tanto que esta especie de soliloquio al que me refiero, entendido como una comunicación diferida, tiene que escribirse y ordenarse para poder transmitirlo a los lectores. Y al ordenarlo, claro, pierde esa gracia inmediata que en Iberdrola tiene el nombre de electricidad. En resumen, la auténtica chilindrina, llamada también chafaldita, es una chorrada coloquial y prosódica. Éstas que os ofrezco son ortográfico-literarias y absolutamente degeneradas. Además, son viejas: no olvidéis que pertenecen a “El limón hespérico”, que es un libro jurásico. Lástima que la chorrada no tenga puristas ni exégetas ni detractores, porque sería interesante cocinar con estas huestes un rifirrafe de chafalditas al chilindrón.

Quiero decir, por último, que la primera de las acepciones que el diccionario de la Real Academia atribuye a la palabra chilindrina es la siguiente: “Cosa de poca importancia”. Con lo cual me quedo muy conforme, porque, en este justo sentido, tengo la impresión de que os dejo con chilindrinas realmente ortodoxas. Tanto es así que no sé si recomendaros su lectura... Mariano Estrada, junio del 2003.




CHILINDRINAS.


ADIVINANZA 1.


Porque mi nombre es Donoso

y habito una madriguera,

me ronda una compañera

que quiere hacerme su esposo



Por mí está bien, soy dichoso

y ella es osada y es fiera.





ENTRE RÍOS.



Si se te acaba el trabajo,

escucha bien, rapaciño,

pues necesitas dinero.



Ven a currar en el tajo

que tengo yo, porque es miño,

y está a la orilla del Duero.





RELATIVIDAD.



Delante tengo tu cara

y ante tu cara mi ombligo.

¿Qué es lo que ocurre, te agachas

o estoy a un tronco subido?



Frente a mi cara, tu cara,

frente a tu cara, la mía.

Tú estás de pie, como antaño,

luego yo estoy de rodillas.





LA MORGUE.



La morgue lleva una faca

cuando barrunta un deceso,

a veces lleva una estaca

y raras veces un beso.



¿Y qué más da, si el finado

se queda lívido y tieso,

lo mismo a causa del palo

que de la faca o el beso?





DILEMA.



Un buen día me detuve

con pensamiento confuso:

¿adónde voy, a qué nube?

¿a qué universo difuso?



Mi interrogante fue obtuso,

mi pensamiento fue vano:

hay medio mundo que es ruso

y otro medio americano.



Revisión a la baja:



El mundo tuvo un dilema

pero encontró solución.

La de juntar pensamientos:

dos en uno, tres en Dios.


LAS EDADES DEL HOMBRE.


Hay una edad que se vive,

hay una edad que se siente,

hay una edad que se piensa,

hay una edad que se teme.



Yo temo más los sesenta

que el doble, los ciento veinte.





LOS BUENOS MODALES.


Que me perdonen los muertos

que he dejado en el camino

sin la elegancia debida.



Soy aprendiz de asesino

y aún me falta la experiencia

de la vida.




SOMBRAS.



- Venimos de Agua Pintada,

traemos una tajada

monumental.



- ¿Venimos? ¡Tócate el bolo!

¿Acaso no vienes solo

del andurrial?



- No hay tal.

Yo vengo con mi destino

calzando botas de vino

no Vientos de soledad.




LA ALCALDESA.



Su forma de andar era tan tiesa

que todos la llamaban “La alcaldesa”.



Tercamente, con paciencia,

esperaba una lejana contingencia.



No estaba adscrita a un partido.

Ella no:

su marido.



Su marido, sin embargo,

no logró mear tan largo.



Como honrado que era, y bueno,

lo ponían en la lista de relleno.





SECUENCIA.



1



Por el amor he soñado,

por el soñar he vivido.

Y por la vida soñada

voy al rincón del olvido.



2



El árbol crece primero,

después da fruta.

El tiempo lo hace madero

y el carpintero

viruta.





INTERVALO.



El que más

y el que menos,

siempre serán los extremos.



El resto somos la masa:

la que tiene zapatillas,

perro, coche, tele, casa...




JOTA.



El viento sale del caño

y a mí me cae en la boca.

¿Quién ha vaciado la bota?



El maño.



El maño toca, 

ridiez.

La bota suelta la pez,

pero de vino, ni gota.



Será así, pues,

aunque soplando al revés

le insuflas viento de jota.



Del viento beben los pies,

del vino sólo el que toca.





ENGAÑO.



Mujer he sido en tus brazos,

mujer total, entregada.

En lo demás, pobrecilla,

en lo demás fui engañada.



Qué modo más lastimero

de ser mujer para nada.

Cuando se abrieron mis ojos

era una triste criada.





TRAGEDIA.



Fue necesaria tu muerte

para saber que te amaba.

Para saber comprenderte,

la soledad y la nada.



La vida, que ya he dejado,

después de ti me sobraba.

Las penas me la quitaron,

yo solamente apuntaba.





ADIVINANZA 2.


A veces indomable como el trueno

que sale de las ínfulas de un rayo;

a veces servicial como un lacayo,

humilde, peregrino, nazareno.



A veces carcamal, a veces potro,

lo tienes en tu ser, pero es de otro.




FRUTA.


Fruta que es de frutero

no la quiero.



Yo la quiero del árbol, apetente,

con engaño mortal de la serpiente.



EXCESO DE AMOR.


Si el exceso de amor fuera un pecado

¿quién sería yo, que tanto he amado?



¿Que quién? Seguramente

un sabio seguidor de la serpiente.



¿Habrá mejor cuidado

que el hecho de pecar eternamente?



¿Habrá mejor bebida

que el cáliz de una rosa consentida?



¿Habrá mejor pasar para una vida?





Mariano Estrada

De El limón hespérico


 

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