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CELEBRACIÓN
DE NERUDA Tengo
plena conciencia de que un texto lírico en la Tribuna de un periódico
diario es igual que una mosca borriquera
en la barriga de un elefante. No obstante, también estoy
convencido de que el trino de un jilguero al amanecer puede aproximar a un
hombre a su verdadero tamaño: grande, si lo escucha y lo comprende; pequeño,
si lo desoye y lo desprecia. Entre estas dos orillas, el mundo es un
arroyo de música que corre libremente por los apuntes del alba. ¿Y el
alba, qué es el alba sino la oportunidad renovada del nacimiento: oír,
mirar, oler, amar, creer, esperar, participar? ¿Soy iluso, tal vez? Tal
vez, pero el mundo necesita muchos locos para pinchar la barriga de los
paquidermos y desinflarles las patas a los leones condecorados. Son
necesarias auroras esplendentes, jilgueros de alta noche, primaveras que
se sientan contempladas, gozadores de miel, lirios copiosamente
polinizados. Son necesarias mejillas estremecidas por un labio
carnoso, hojas de algodón para los pies fatigados de la tarde, altos cañaverales
entregados al rumor y a la ventisca, rabiones tormentosos de felicidad, ríos
de mariposas para mortificar la vergüenza... Frente
a ello, ¿qué esperas tú, sudor, hijo del negocio y del sudor, si el
ocaso te encuentra con los poros aceitosos y embozados, la palabra
desalentada y los párpados lánguidos y mustios? ¿Y tú, caballo de la
prisa, por qué despiertas siempre con los ojos encallecidos, las pestañas
soñolientas y las extremidades hinchadas? ¿Dónde está tu relincho mañanero,
tu belfo escrutador, tu brava juventud de potro? ¿Por qué te hundes en
sueños animales, que roncan y no sueñan? ¿Por qué huyes en trenes de
trabajo hacia reinos de consumo y especulación?. Caballo laboral,
atiende, la barahúnda te lleva por barrancos esterilizados. Al fondo, ni
siquiera está el dolor, sino la nada. Tu carrera es loca, tu propia
cojera te persigue con inyecciones de barro amojamado e infinitas llanuras
de desierto... Conclusión:
¿corren malos tiempos para la lírica? De ninguna manera. Los muertos han
gozado siempre de muy buena salud. Son los vivos los que arrastran su
insatisfacción por avenidas interminables y tediosas, por días iguales a
sí mismos y por penas fatigosamente empinadas. Son los vivos los que
pueblan el paisaje de insufribles túneles oscuros, los que en pro de la
velocidad postergan el beso y la caricia, los que rugen como tigres para
alcanzar, acaso, una triste muerte de perros... Escolio:
escribo estas líneas 25 años después de la muerte de Pablo
Neruda, poeta que desde un pensamiento materialista supo elevar el espíritu
a temperaturas de ebullición: allí donde, ajenos al bolsillo, la lírica
y el amor allanan todas las
cosas. Sea ésta mi celebración, así como mi humilde reconocimiento. Mariano
Estrada, 23-09-98
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