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Alicia es una joven filóloga con vocación de cuentista, si bien en su modalidad más reciente: una suerte de escenificación conocida con un nombre binario: cuenta-cuento. Ya sabes que esta modalidad se difundió hace unos años entre los jóvenes y ha tenido su desarrollo fundamentalmente en los bares de copas frecuentados por estudiantes. Aunque no sólo en ellos. En Alicante la popularizó una mujer llamada Numancia.  Alicia colaboraba con ella. Y también lo hizo conmigo, en algún recital de poesía.
Mariano Estrada, 04-03-2001

PRIMERA CARTA:

Alicia:
          Si algo se puede comparar al hecho de escribir poesía, es la posibilidad de regalarla en un libro. (El misterio reside en la palabra posibilidad, que en este caso te implica) O sea que... bien puede decirse que hoy me queda dulcificado el espíritu.  Saber que te ha atrapado algún verso, sería dulcificarlo dos veces. O dos veces dos veces, según el grado de complicidad. Pero esto es anticipar el futuro, y el futuro es un labio apetecible que raramente nos besa.
Mariano Estrada
Villajoyosa, 04-03-96


SEGUNDA CARTA

Amable Alicia:

   Si soy tan sincero como tú, lo que en mí es una especie de redundancia,  tengo que decirte que has colmado mi ego  con adjetivaciones generosas y superlativas: "hermosísima carta", "preciosísimo librito"... Especialmente por las consideraciones en que se apoyan, unas referidas a la depuración de los versos o la exquisitez del lenguaje y otras que, trascendiendo el espacio de la literatura, aluden llanamente a la identificación por los gustos: "No sabes lo identificada que me he sentido contigo en esa pasión tuya por el paisaje mediterráneo, concretamente por el almendro". (Aunque esto no me sorprende, porque he visto   de cerca tu nerviación sensitiva: ya sabes, aquello que llamé "fragilidad" cuando hubiera sido más justo decir "delicadeza").
     Y es que el almendro, ese árbol de espuma al que atribuyes, con razón, una "belleza sencilla", es delicado en su flor, frágil en sus ramas..., pero guijeño en su tronco y sus raíces; éste es el motivo  por el que habita la marginalidad y no lo arrumba la sed ni el  empujón de las escarpas de los bancales. Porque no en la necedad, sino en la adusta sabiduría del labrador ha tenido Ceres siempre un aliado. Luego vino el turismo con sus famosas divisas, que dan más numerario que ganar tierras al monte. Y aún así, persiste. Y está vivo. Por encima del embate  de la modernidad, como una transgresión al progreso, sobresale su flor de resistencia. Yo la he visto en Famorca y  en Benisa y en Onil ... Y camino de la fuente del Partegat, desde El Trestellador, en las umbrías de Aitana.
    Agradezco, pues, no sólo  tus loas y piropos, que caen en el platillo de la vanidad, sino también ese encuentro en las flores que de algún modo nos une y nos comulga y nos hace compartir el mismo ámbito de la belleza. ¿Podía ser de otra forma si yo soy el que soy y  en tí viven las hadas de los cuentos?.
A propósito,  mi hija quiere ir a la próxima sesión, de modo que antes de los Actos del IV Aniversario de Paco Llorca, donde tú has roto algún molde introduciendo a Cabañero y a Colinas,  visitaré nuevamente los ejidos de Numancia, que ahora ocupan sitio en el corazón de Alicante.
Un cálido abrazo.
                                              Mariano Estrada Vázquez
                                              17-03-96

 

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