Nací en 1947, en un pueblo de Zamora llamado
Justel, cuyo censo debía arrojar un monto de 300
almas si me contaban a mí. Digo esto porque luego
se redujo su tamaño en beneficio de un pueblo
vecino, Muelas de los Caballeros, distante seis
kilómetros contados en curva, pues allí se
trasladaron mis padres echando a la carreta los
enseres y los hijos en abigarrada promiscuidad.
Hurgando
entre los libros de estos dos pueblos, cuyo número
está sin dilucidar por temor a las resultas,
nadie hubiera encontrado uno solo que fuera
exclusivamente de poesía, puesto que ésta se
daba en retales y siempre con una brocha muy
gorda. Claro que la poesía, la auténtica, estaba
allí con nosotros, en el aire, en el humo de las
chimeneas, en el vaivén de las mieses bajo la
brisa, en el nido amoroso de los pájaros, en las
bardas de los corrales, en las flores cárdenas
del brezo...
Mi padre me hizo pasar por la escuela de tres
pueblos distintos, porque al hombre se le había
metido en la cabeza la idea de sacarme de aquella
"vida arrastrada". A los doce años,
ahondando más en su empeño, me llevó a la
Fundación Virgen del Camino, León, que por ser
un Colegio Apostólico de P.P. Dominicos, me
convirtió a mí en aspirante a la Orden de
Predicadores. Allí fue donde, quizás para
entretener la seriedad de tan largas horas de
silencio y de estudio, empecé a aficionarme a esa
moza de pechos turgentes y amorosa voz que se
llama Poesía...Tenía 17 años cuando me hice la
siguiente pregunta: ¿Qué hago yo aquí? A la
semana siguiente, y en respuesta a la cuál,
brincaba como un corzo entre las urces albares del
monte undoso de Muelas, que es salvajemente poético.
Algunos meses después, saturado de paz y de
aromas, me pasé al otro extremo y me fui a vivir
a Madrid, donde grandeza y barahúnda me
trastocaron el raciocinio y éste me llevó por el
camino de la técnica, desoyendo los vagidos
latentes de mis pacatas inclinaciones literarias.
Así que me acabé matriculando en la Escuela de
Aparejadores, acordando que mi espíritu se
alimentara en el campo realmente bello de la
geometría descriptiva, entre otros. Hacia el
final de la carrera, sin embargo, volvieron a
atacarme los brotes en retoño de la Poesía, mi
relegada señora. Fue entonces cuando gané un
concurso convocado por la Residencia Universitaria
San Fernando, cenit y orgullo de la Obra de
Auxilio Social, y precisamente con un poema
titulado Vocación, que, sorprendentemente,
infundió en el jurado no pocas sospechas de
plagio.
Pero yo volví de nuevo a la infidelidad,
practicando abiertamente el olvido. Tanto fue así
que, en un rapto amoroso, regalé lo más palpable
del premio: las Obras Completas de Vicente
Aleixandre.
A principios de 1973 me trasladé a Villajoyosa,
Alicante, donde me puse a ejercer la profesión
denodadamente y sólo de uvas a peras me acordaba
de la que era realmente mi novia: la Poesía. Pero
no hubo manera de que ésta, que había sido
tantas veces desdeñada, se acabara alejando de mí.
Al contrario, con el transcurso del tiempo y en
medio de los avatares rutinarios de la vida, acabó
por nacer de verdad, y en el año de gracia de
1984, tomó la forma de un libro: Mitad de
amor, dos cuartos de querencias.
A partir de entonces, transformados en bayas de
Panjí -con pretensiones de arte y menudencias de
sabiduría-, "mis viviencias, mis rumios, mis
lecturas", han ido cayendo lentamente
en las páginas del Libro Universal, depositario
de la memoria personalizada y del espíritu
colectivo, en el que han inscrito éstos títulos:
El Cielo se hizo de amor (1986), Vientos
de Soledad (NP), El Limón Hespérico (NP),
Tierra Conmovida (1987), Trozos de
Cazuela Compartida (1991), Paco Llorca:
Semblanzas del arte (1993), Azumbres de la
noche (1993), Desde la flor del almendro
(1995) y Hojas lentas de Otoño (1997).
A lo largo de estos libros, tributarios del ocio y
de la noche, he sido incluido en numerosos
Recitales de Poesía en los que he ejercido de
oyente, de organizador o de presentador,
destacando los protagonizados por el malogrado
rapsoda Paco Llorca o la Actriz Charo Soriano.
Algunos de mis poemas han sido puesto en solfa por
el maestro Garberí. Con el apoyo de entidades
culturalmente benéficas -acaso pueda decirse políticamente
objetivas-, he organizado acontecimientos en los
que han intervenido personalidades del ámbito
literario como José Luis Ferris, Ángel L. Prieto
de Paula o Ian Gibson. He colaborado con Centros
Educacionales, entre los que cabe resaltar el
Instituto de Altea en la conmemoración del
25º aniversario de su fundación, donde se incluía
un homenaje a Rafael Alberti del que queda un
libreto publicado. Finalmente, en un roce casual e
ineludible con el poder constituido, participé en
el ciclo de Poesía "Alimentando
lluvias", organizado por el Instituto de
Cultura Juan Gil Albert de la Diputación
Provincial de Alicante, mediante la lectura y
publicación de una selección antológica de
poemas. Ciclo del que hay un libro en ciernes. Y aún
hay otro roce: en los años 1999 y 2000 he sido
miembro del jurado del Concurso de Cuentos
"Ciudad de Villajoyosa".
Además de ello, urgido por una cierta necesidad
comunicativa, aunque un tanto alicortado por la
extensa obligatoriedad de lo biológicamente
necesario, he dejado noticias de mi prosa en
algunos medios escritos, entre los que cabe reseñar
el periódico Información de Alicante donde,
acaso emulando a Vitrubio, he ejercido de
columnista. Actualmente, varios de mis artículos
circulan por Internet, bien en páginas de
Naturaleza, como la de Félix Rodríguez de la
Fuente o InterNatura, bien en Diarios Ambientales,
como Ayaba, en periódicos de Información
Altenativa, como Rebelión, o en páginas
ecologistas de más o menos alcance .¡Ah! Y en
una web reciente de Literatura Contemporánea,
llamada "El Coloquio de los perros", me
han dado el apodo de pastor alemán, a mí, que
con un metro sesenta y cinco de estatura me
iría mejor el de caniche...
Por
último, en estricta justicia literaria tendría
que decir con Machado: "Debéisme cuanto he
escrito", dado que los reconocimientos
obtenidos, siendo éstos pocos, o no han sido en
absoluto remunerados o lo han sido mínimamente o,
lo que es peor aún, han sufrido en sus carnes,
puntualmente engordadas, la transilvánica mano
del Fisco. Tal es el caso del Certamen de Poesía
Ciudad de Torrevieja 1997 -como ejemplo más
sustancioso-, en el que Hacienda ha fundado, con
un tino certero, la jubilación anticipada de los
contribuyentes y su propia aspiración a la
Eternidad.
En resumen: "Muelas de los Caballeros
(Zamora), es la representación geográfica de mi
niñez; su símbolo es un roble. Madrid, aposento
hospitalario y transitorio, fue un paso hacia el
mar: este mar de luz que me ha dado
Villajoyosa". Lo demás lo ha puesto el sudor
que, gota a gota, erigió una casa blanca en la
parcela 134 del Montiboli. Casa en la que moro, si
bien cristianamente, con flores de alegría y
hierbas de insatisfacción, en armoniosa
controversia con mi mujer y mis hijos.