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Benidorm
Mítico
( Publicado en el periódico Información de
Alicante, 27-07-2000, cuando sólo faltaban unos días para la
inauguración del parque temático Terra Mítica)
Hace
sólo unas noches, mientras la luna mostraba su redonda plenitud
sobre las playas de Benidorm, un grupo de amigos celebramos un
aquelarre cultural, si así puede llamarse a la contemplación de un
determinado número de diapositivas -todas ellas numinosas-, que en
aleatoria combinación con las estrellas, los duendes de la luz y la
magia de sus íntimos reflejos pudiera resultar cabalístico. Ello
fue así: el biólogo Joan Piera, señor de las orquídeas y de las
sutiles ironías, extrajo del arcano de las flores
determinadas experiencias reproductoras que, salvando las
distancias, son susceptibles de ser aplicadas a los bípedos. Por
otra parte, el genio de las cámaras o poeta de la imagen, -que
ambos títulos se juntan en la figura de Fernando Medrano-, expuso a
nuestros ojos un salterio de fotografías en el que ha sintetizado
sabiamente los paisajes humanos de la India con su prolífico cauce
de bellezas.
Por
supuesto, nada de ello encajaba demasiado en los ambientes nocturnos
de Benidorm, ciudad ya populosa que sólo está a dos pasos de
homologar su mitología nominal a la de una emblemática firma como
Disney que, asentada en los exergos del money, reparte a voluntad el
pedigrí de los parques temáticos. A dos pasos de equipararse a la
grandeza pantagruélica de Francia simbolizada en el París de
Rabelais y de las cigüeñas. A dos pasos del seny catalán -que no
cotiza en bolsa para ahorrar ingenio -, a través de su equiparación
con Port Aventura. A dos pasos de las tierras de aluvión que tienen
causa en el flujo de las avalanchas humanas con desprendimiento de
retintina. A dos pasos de John, querido Joan, a Dos Passos... O a
cinco días de anuncios, tanto da. El caso es que Benidorm, en lo
que al ocio se refiere y por voluntad del honorable Zaplana, ya es
una tierra de promisión devenida realidad y carne, o lo que es
igual, una tierra inerte poblada de estafermos de algarabía
asentados sobre el humus de un antiguo bosque mediterráneo: el
mismo bosque, Joan, en el que un día florecieron las orquídeas que
ahora tienen cuerpo en tus luminosos fotogramas, como inevitables
relicarios -por más que sean científicos-, o estáticas
bellezas de la más reciente y todavía enternecida memoria.
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Claro
que Benidorm, siendo una ciudad acogedora y hospitalaria,
asume un parque temático como asumiría un trozo de luna caido de
un desgajamiento amoroso. E incluso nos asume a nosotros, bellas
rosas de pitiminí, que, muy de tarde en tarde, montamos un
aquelarre fotográfico en los jardines de luz multiplicada en los
que caben territorios como Marruecos y la India. Y ello a
pesar de que, previamente, los jardines estaban llenos de jóvenes:
unos jóvenes pacientes que, antes de Jaipur y Marrakech,
contemplaron la fecundización de las orquídeas por un polinizador
inexperto. Después ya se hizo un alba de palmeras...
Mariano Estrada, 22-07-2000
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