![]() |
Mándame tus mensajes aquí Invita a un amigo a conocer Paisajes Literarios
Mándame un mensaje instantáneo por ICQ AQUI Web recomendada por la UNESCO
|
FRAGMENTO DEL PRÓLOGO DE ÁNGEL L. PRIETO DE PAULA ... En alguna otra ocasión he hablado de la poesía como de un ejercicio personal, proclive a la autorreferencia, que germina en la soledad y no pocas veces se cierra en un solipsismo centrípeto, como un remolino que se abisma en su interior. Y a tenor de lo que he dicho más atrás, parecería que nos encontramos ante una poesía ensimismada, salvo en la imprescindible orientación hacia la otra persona que, en cuanto poesía amorosa que es, tiene. Pero no estoy nada seguro de que ello sea realmente así cuando hablamos de “esta “ poesía. Aunque temáticamente estamos ante una poesía de amor, éste no actúa como otro componente del mundo, al que someterse con olvido de los restantes. Al contrario: el amor, lejos de todo autismo, unce los elementos todos de una naturaleza esplendente, de un entorno asombrado, poblado de espadas y hojas de laurel, cántaros y labios, colores de cielo o de miel. Es ésta una poesía, aunque amorosa, de la naturaleza global, en la que pueden sentirse acogidos cuantos sean capaces de apreciar, si no el sentimiento personal del autor, sí el universo en que éste se aposenta. Quizás no sea tan importante, en la poesía de Mariano Estrada, el tema de un poema o de un libro, como la contundencia vital de su expresión poética, que no conoce ni la reserva sentimental ni la frialdad aséptica. Aunque los poemas de este autor –y me refiero a las composiciones de cualquiera de sus libros- no son siempre poemas de amor, son, en todos los casos, poemas amorosos.
Ángel
L. Prieto de Paula AMAR Caer
en un preludio digital Abrir
el codicilo de la noche Tener
conciencia exacta Mezclar
el “polvo eres” Dilapidar
el ahorro seminal Y
después dormir... MIS MANOS Y TU CUERPO Hace
ya un diluvio de caricias Han
hallado, sí, Por
esta causa te sé. Te
sé como se sabe un corazón Mis
manos son la forma de tu cuerpo.
EL ALBA Era
el alba muy tierna, Tan
sólo tú, alarde involuntario, Mil
ojos, mil, Maullidos
mudos, gatos, ojos moradores, Muerte, vida, claroscuro... Y
el alba. Tú. Se
miró.
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|