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Un
tramo del camino que se describe ha sufrido el hachazo reciente
de las máquinas para hacerlo más transitable, pero eso es
peccata minuta, ya que la propia naturaleza, si la dejan,
vuelve a vestir al desnudo con vigorosos retoños y
abrumadora
prodigalidad.
Por
otro lado, las cumbres de los montes de Velilla han sido
repobladas absurdamente de pinos, lo que es un mal menor, no
obstante,
si se compara con una pretendida instalación eólica de
72 monstruos zumbones, cuya amenaza persiste aún en la ciega
avidez de las empresas promotoras y en los no menos ciegos
cajones de la Administración. Monstruos altamente perjudiciales
para este enclave de robles en el que
"anida el águila y la víbora, campa el corzo y la
zorra y el lobo ibérico tiene uno de sus últimos
refugios".
Así
que, en relación con los pinos, estando ya plantados, yo le
deseo a
la Consejería de Medio Ambiente unas felices y eternas
Navidades, pero el deseo de
prosperidad para la comarca en los años venideros no
puedo fundarlo en esa manada de fríos aerogeneradores porque
sería una prosperidad engañosa. Es más, en un futuro próximo
constituiría un desengaño terrible. Lo que debiera ocurrir, en
cambio,
es que La Junta de Castilla y León, reconociendo el
evidente valor ecológico-paisajístico del entorno,
recompensara debidamente a los ayuntamientos afectados en razón
del lucro cesante. Hacia ahí, señores Alcaldes e ilustres
administradores de los servicios y de la justicia, pero también
del paisaje, de la poesía y de la belleza, es, quizás,
hacia donde deben orientarse los tiros.
AGUABLANCA
(1)
EVOCACIÓN
DE UN PASEO POR LA BELLEZA
Para
Charo y Jose
Si
mi cuerpo es de tierra suspirada, cuyo alimento es un agua de frío
manantial, ¿qué vegetación va a cubrirme si no es de brezo y
de roble? ¿Qué sombra he de sufrir si no es víbora o lobo?
Absorto
en estos rumios, me adentro en un camino de frescura que,
bordeando un arroyuelo pertinaz, sonoro y transparente, me
llevará hacia sus pechos montaraces por ribazos de tiempo y de
belleza. En la altitud de la cumbre, y en tiempos que exceden la
memoria, parece ser que Tánit se hizo nieve y, deslizando el
corazón sobre sus íntimas laderas, se convirtió en el origen
de este río: un profundo útero, una fuente entrañable cuyo
nombre es anterior a la contaminación y quizás inaccesible a
la misma. Aguablanca. Es decir, agua de virginidad, principio,
diosa impúber, nieve con lienzos de verano...
Aparte
del humero, árbol que es agua sobre agua,
y una gama amplísima de arbustos, procelosas hierbas y
plantas de flores admirables, persiste en el entorno un robledal
magnífico y añoso. Una eternidad hecha madera por voluntad de
la diosa y, acaso milagrosamente, salvada del diente del
esquilmo que, en estos bellos montes de Velilla, se perpetró
ante mis ojos impasibles y
escolarizados en polvos de leche de bidón (2).
De
tarde en tarde, una antigua hiedra, haciendo matrimonio con un
viejo roble, cabalga hacia la luz por cascabillos, ramas, líquenes
y hojas. Abajo, el arroyo no deja de cantar, mas no perturba la
voz de este silencio grueso que apenas es mentido por un canto
lejano de perdiz, un graznido de urraca o un zumbido de avispa:
ruidos comprendidos en la paz de este paraje de feraz
naturaleza, donde acaso el hombre sobra. Sobra, desde luego, el
que se acerque a estas aguas esenciales y, al socaire de negras
intenciones, no las tenga por blancas. Hasta tal punto lo son
que Dalton no se habría confundido.
Mariano
Estrada, 12-10-96
1.-
Agua que, hasta el más reciente ayer,
casi hoy mismo, ha movido rodeznos
de molinos carballeses, de blancas telarañas y envigados
blancos,
donde moyuelos y harinas eran tránsitos formales
de la naturaleza hacia una artesa de gozos. Sus tolvas
eran trozos del paisaje; y de su vientre
guijeño, giratorio y triturador, probablemente,
nació el nombre de Muelas
2.-
Quien tenga más o menos mi edad,
podrá verse a sí mismo en una cola de batas y resignación
esperando el obligado
desayuno de aquella leche nutricia del colonizado
subdesarrollo. Pues bien, entre purga y purga, infinitos
camiones de madera...
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