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A una boca

Normalizar una boca grande requiere de algo más que de un manojo de gestos estudiados y voluntariosos. Requiere la aceptación de quien la lleva en la cara todos los días, como una parte de sí. Ana Belén es un caso paradigmático, aunque, claro, a ella la ha asistido siempre un conjunto artístico-monumental  de muy notorias bellezas. Tanto es así que, desde el franquismo a la realidad,  a ningún hombre de España le hubiera importado hacer de Victor Manuel, aun teniendo que cargar con los corderos por las cuestas de la romería 

Y ya que vamos tan alto con el vuelo, prosigamos con el polvo estelar. Se llama Maribel Verdú. Su boca es un escaparate de ultramarinos, pero ¿hay un hombre en el mundo que, teniendo la ocasión,  rehuse aventurarse en ese tipo de holguras? Yo la he visto de cerca y es hermosa.  Más que aceptarla, y vaya si lo ha hecho, Maribel  Verdú la ha explotado muy bien, llenándola de erotismos y de coquetería.

 Que me disculpen estas grandes actrices si me he metido en sus bocas de matute (1); y todo para ilustrar un soneto cuyo protagonista, sin embargo, no sólo no acepta la suya como es, y es enorme, sino que, por medio de burdas triquiñuelas,  pretende demostrarse a sí mismo que es un corte de homologación; y lo es, lo es, pero no con la de sus vecinos de escalera, sino con la puerta de sus casas o con la boca del metro.

 1.- Podía haber usado la de Reiziger, defensa del Barcelona que debiera jugar en el Boca Juniors;  o la de uno de los hermanos Calatrava, que suele llevar en el rostro un interminable post-parto  Lo que pasa es que jamás me han atraído las bocas de los hombres, ni siquiera para ilustrar un soneto.

 

 A UNA BOCA

 He pasado una mano por la cara
y he encontrado una boca sin frontera.
¡Unas fauces! –me dije-, no pensaba
que la boca era propia, no extranjera.

Bien mirado –argüí- no es demasiada.
Y emprendí con la mano otra carrera
hacia el ente facial, que no encontraba,
pues se había arrugado en la ladera.

Sin embargo una mueca mal tragada
me produjo una leve carraspera
y saltaron los muelles hacia afuera.
 

Yo me dije: normal, está forzada.
Con el brusco tirón de la tosera
se le corren las tintas a cualquiera.

Mariano Estrada

De El limón hespérico

 

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