Sueño

No sé si volverán las golondrinas a los balcones, pero hay cosas que es difícil que vuelvan a aquellos viejos pueblos en los que, a pesar de la humildad y la dureza del trabajo, imperaba la ilusión, la buena convivencia, el amor, la alegría, el bullicio, la esperanza, la vida.
 
Al escribir este poema, yo estaba viendo a una mujer que, amorosamente, encendía  el fogón de la mañana; a un hombre entregado al exigente reclamo de los animales, a un niño que enfrentaba sus ojos soñolientos al inmenso tazón del desayuno.

Navidad: la fotografía y la lírica

¿Hay una Navidad diferente cada año o podíamos decir que las Navidades son siempre las mismas? Yo creo que si miramos las cosas con rigor, objetividad y perspectiva, llegaremos a la conclusión de que, para bien o para mal, la transformación que ha sufrido la Navidad a lo largo de los últimos años es realmente notoria. Por ejemplo: si analizáramos las navidades de 1959, sin duda llegaríamos a la conclusión de que eran más familiares, más recoletas, más íntimas, más pobres, más espirituales y más religiosas que las navidades actuales. Y que las Navidades actuales son más aparentes, más desaforadas, más paganas, más exteriorizadas, más consumistas y más materiales que las Navidades de 1959. ¿Esto es bueno o es malo? Depende para quién. Para los que negocian con el juguete o el cava seguramente es muy bueno. No opinarán lo mismo los que entregan su alma a la meditación y viven la fiesta en el espíritu. ¿Qué es lo que opino yo? Eso importa muy poco, la verdad,  pero no voy a rehuir la pregunta: en los años gozosos de mi niñez, la Navidades eran muchas cosas fantásticas: los padres, los hermanos, los abuelos, el hogar, la lumbre, los perros, los gatos, los zapatos, la ilusión, la nieve... Ahora se resumen en dos: Noche y Buena. Lo demás es parafernalia y desafuero. Evidentemente, "nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos". El futuro es de los jóvenes. ¡Aleluya!

Viaje a la soledad

Viaje a la soledad

Si hablamos de la soledad tendremos que poner algún que otro adjetivo, ya que a la soledad le pasa como al colesterol, que hay una mala y otra buena, una amada y otra temida, una de cárcel y otra de libertad. Ello no es óbice para que puedan convivir simultáneamente en una misma persona. De hecho, yo viví un tiempo en el que creí beneficiarme de una a la vez que me sentía lacerado por la otra. Quedó expresado así:

La esperanza

¿Por qué mirar atrás, si la esperanza
no está en las telarañas de lo deshabitado,
sino en la consistencia de la respiración,
tal vez en el tamaño del estremecimiento?

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