Aguablanca, caminos de ida y vuelta: tres apuntes

Aguablanca es la perpetua fe en el camino, la perpetua fuente, la perpetua emancipación. Aguablanca es un espacio de eternidad, un fuego inextinguible, una huella que no se borrará mientras el hombre siga siendo un anhelo, una inquietud, una añoranza, una celebración, una búsqueda, una creencia, un aleteo fallido y renovado, simultáneamente posible e imposible...

Muelas. Montes de Velilla. Valle del Fontirín. Sierra de la Cabrera. Foto M Estrada
 

Aguablanca, caminos de ida y vuelta: tres apuntes
 
El pueblo
 
Muelas de los Caballeros, Carballeda, Zamora, noroeste de España. Fantasía de robles y de brezo. Miel. Flor primaveral, gozos de otoño. Sé que no es un pueblo, sino un pálpito, una constante de vida y de memoria, una proyección, una infancia atrapada, una necesidad, casi un vino, casi un opio, casi el amor, casi la pureza. Un paraíso perdido, un punto lejano, un imposible. Muchos derroteros, muchas fuentes, muchos pájaros, un río, una calle, una familia, un exilio, una emigración, un abandono, una fatalidad, una raíz, un hilo de tiempo que te ata, que te estimula, que te libera.


El paraje

Velilla: montes situados en el norte de la Carballeda, Zamora, comarca cuyo hecho diferencial es un extenso roble y un largo aullido de lobo. Sus cotas más altas se sitúan en la Sierra de la Cabrera, separándola de la comarca leonesa de este mismo nombre. Sus valles, que acompañan a un agua cristalina hacia el río Fontirín (que desemboca en el Negro que desemboca en el Tera que desemboca en el Esla que desemboca en el Duero), están milagrosamente habitados por unos robles hermosos, cuya robustez centenaria brota a veces de la fría apariencia de las pedrizas... Al Noroeste la deslinda Sanabria, comarca de Lago legendario y de consecuente Parque Natural.

 
El objetivo
 
Aguablanca es el poso que queda en la memoria después de andar los caminos de este mundo, los avatares de esta vida. Aguablanca es el impulso del corazón más allá de los estragos de la convivencia y del tiempo. Aguablanca es la simbiosis del hombre y del paisaje, la afirmación del hombre como paisaje y su necesaria comunión con la oferente y oprimida naturaleza. Aguablanca es la perpetua fe en el camino, la perpetua fuente, la perpetua emancipación. Aguablanca es un espacio de eternidad, un fuego inextinguible, una huella que no se borrará mientras el hombre siga siendo un anhelo, una inquietud, una añoranza, una celebración, una búsqueda, una creencia, un aleteo fallido y renovado, simultáneamente posible e imposible. Aguablanca es un hombre que mira hacia la luz por las rendijas de sus íntimas insatisfacciones, de sus persistentes y numerosas penalidades.
 
Del libro Aguablanca, caminos de ida y vuelta (2002), incluido en Los territorios de la inocencia (2014)
 
Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios
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