My name is mariano

...Pero mi nombre tiene otras muchas dificultades añadidas, que no son precisamente pequeñas. Por ejemplo, los que quieren llamarme por un cariñoso diminutivo, tienen dos opciones: o me llaman Mari, cosa que no empieza muy bien, o me llaman ano, cosa que termina mucho peor...

        Mariano en Londres, 1979

Hay nombres tan raros que parece que pidan explicación, como Cornelio o Convertida. No creo que el mío esté entre ellos, pero lo cierto es que un día las explicaciones le salieron por sí solas sin rascar demasiado, antes incluso de que los interrogantes se hubieran asomado al paradigma.
   Este texto fue escrito para la celebración de un encuentro masivo de antiguos alumnos. Pero salvada esta cuestión por medio de los preliminares, el artículo se vuelve intemporal, tanto al menos como el nombre que profusamente explica. ¿Explica o complica? No sé, depende de los pies que quieras buscarle al gato.

21-05-2016


My name is Mariano
Divertimento surgido de una celebración

Respuesta al compañero José María Urbano y, por extensión, a otros josemarías que, antes o después que yo, estudiaron en el colegio Virgen del Camino, de León.

     Hola, José María:
     Dice tu tocayo leonés, Furriel del regimiento, que, entre los alumnos reencontrados hasta ahora, que son muchos, los josemarías vais ganando por goleada. Más vale así, no quisiera yo que ganáramos los marianos, nombre con resonancias a viejo chiste de Forges. ¿Lo recuerdas? Aunque, claro, si lo miras desde otro punto de vista, mariano es el Santuario de la Virgen del Camino, mariano es el Colegio cuyo cincuenta aniversario tratamos de celebrar y mariano es el año genérico de María.
     Aun así, no conviene olvidar que, en etimología castiza, popular y personalizada, además de liberal y licenciosa, Mariano es justamente la negación de María. De hecho, en mis tiempos más jóvenes y vistosos, cuando alguna chica ligable que acababa de conocer me preguntaba: ¿cómo te llamas?, yo le respondía indefectiblemente: “Si tú te llamaras María yo sería tu negación”. Dicho lo cual, tengo que añadir que a una chica sueca que no entendía bien el asunto (¿cómo iba a entenderlo, pienso ahora?), tuve que decirle “Maria-sí” repetidas veces para ver si entendía lo que quería decir “Maria-no” por una sola vez. “¿Maria-sí?” –dijo finalmente- “¡Oh, me gusta!” Y así es como me llamó desde entonces, incluyendo la risa de apellido, una risa sueca, femenina y ciertamente elástica y agradable.
     Pero mi nombre tiene otras muchas dificultades añadidas, que no son precisamente pequeñas. Por ejemplo, los que quieren llamarme por un cariñoso diminutivo, tienen dos opciones: o me llaman Mari, cosa que no empieza muy bien, o me llaman ano, cosa que termina mucho peor. Tengo un amigo que, en nuestras mejores y ya lejanas juergas nocturnas, con un vaso en la mano y ante semejante disyuntiva, prescindía de los eufemismos y me llamaba directamente Mariculo, que es un híbrido basto donde los haya, si es que el haya es un híbrido. Ahora, mi amigo es un padre formal y muy de andar por casa y me llama simplemente Mariano, todo junto, que es como me llamo la mayoría de las veces. Salvo que venga un catalán y me segregue o me escinda o me separe, quedando más o menos así: “Mar i Ano”, igual que un poeta de su tierra se llama “Martí i Pol”. O se llamaba, porque hace ya un tiempo que ha muerto. Mar i ano. Dos en uno. Mar es un nombre del agua, pero también es un nombre de mujer. ¡Y qué mujer! Se trata de una argentina, vive en Buenos Aires y recrea con sensibilidad y perfección los poemas de un antiguo alumno de La Virgen del Camino, bajito y revoltoso, zamorano por más señas, cuyo nombre no me atrevo a decir… ¿Mariano, quizás? Eso, Mariano Quizás. No sé el segundo apellido. Y no le demos más vueltas, que tengo el hipotálamo a punto ya del mareo.
     Claro que todavía no sabéis que en Muelas me llamaban Marito, que, como dice mi sobrina Raquel, es un mar chiquitito… Pero, vamos, no voy a entrar en detalles. ¿Valdría de algo saber que es precisamente a los josemarías a los que en Muelas se les llama maritos? ¿Por qué fui yo una excepción, siendo que me llamaba Mariano? ¿Y a ti cómo te llaman, José María? -me preguntan algunos cuando caigo por allí-. ¿Pero es que aún tienes dudas? Me llaman “A voces, cuando estoy lejos”.
     Es verdad que sois bastantes homónimos, José María. Y menos mal, ¿no? Porque si hubiera muchos marianos y fueran todos como este que se deshace en explicaciones, ¿qué iba a ser de vosotros?
     Y ya me disponía a firmar, pero he visto que mi nombre estaba un poco gastado. De modo que firmaré con el susodicho Marito, que es mi cariñoso nombre de soltero y vale tanto para un toma como para dos te daré: Mariano y José María.
     Y no hay más que decir. O sea.
   20-07-2007

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios