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La crisis y la corrupción se han adueñado de nuestras vidas

1.- De poco vale saber que existen otras cosas en el mundo. La corrupción y la crisis acaparan nuestras mentes y nuestras vidas. El día que se acaben enmudecerán nuestras radios y nuestros bares, nuestros periódicos y nuestras televisiones.
-No se preocupe usted, amigo, que la crisis va a ser duradera.
-¿Y la corrupción?
-La corrupción es la prostituta de los posicionados. No morirá jamás. ¿Ha visto usted un mínimo de arrepentimiento entre los que van un tiempo a la cárcel?
-Ninguno.
-Entonces, ¿cómo van a arrepentirse los que ni siquiera han sido pillados con las manos en la masa? Por cierto, ¿sabe usted cuántos son, siquiera aproximadamente?
-No, pero podemos contarlos…Uno, mil, diez mil… Solo hay que aclarar unos leves detalles: ¿aceptamos el nepotismo como animal de compañía? ¿Y los trabajos en B del fontanero?

2.- Es obvio que la corrupción tiene su asiento en el sistema. Ahora bien, ¿hay sistema que impida por sí mismo la corrupción? Si es así, tenemos que hacer con urgencia la mudanza.

3.- Para luchar contra la corrupción hay que saber que las leyes destinadas a combatirla se incumplen con excesiva facilidad. Para evitar ese incumplimiento hay que establecer controles, pero siendo muy conscientes de que estos también se acaban saltando. Conclusión: tanto las leyes como los controles deben estar basados en la desconfianza más absoluta, aunque ello pueda resultar contradictorio con el pensamiento que aboga por la creencia en el hombre.

4.- Vivimos una crisis tan dramática que a muchos ciudadanos les ha llevado a la desesperación y a la ruina. En nada nos consuela saber que el mundo ha sobrevivido a otras crisis aún mayores, algunas de las cuales terminaron en un colapso económico y cambiaron el curso de la historia. Lo que sí conviene saber es que para salir de este hoyo del presente tenemos más recursos que nunca: más dinero, más ciencia, más tecnología, más infraestructuras… Solo necesitamos recuperar la educación y los valores. Y, por supuesto, la voluntad de asentar sobre ellos una justicia insobornable, sólida y humana.

5.- La situación de un parado temporal puede ser más o menos incómoda. La situación de un parado sin prestaciones es angustiosa y deprimente. La situación de un parado sin esperanza es sencillamente destructiva. Solo una sociedad enferma puede permanecer impasible ante la aniquilación humillante de algunos de sus miembros. Es algo radicalmente inhumano.

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

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