Amo la vida, por eso quiero morir

Un día los pájaros se echaron a volar con el propósito de  conseguir alimentos  para los suyos, pero la sequía era tan grande que  en el campo no había gusanos  para todos. Muchos de ellos, afligidos por enormes pesadumbres,  quedaron  atrapados en parameras interminables, arboledas agostadas, humedales desaparecidos  y matorrales agónicos y terrosos. No pudieron volver con sus polluelos que, desesperados,  saltaron de los nidos porque sus bocas  eran cuevas de hambre. Ya en el suelo, solo encontraron polvo de amargura sobre  una alfombra mustia y seca.

Asfixia

En los años 80 ya estaba la polución instalada en nuestras ciudades y la contaminación en el ambiente. Desde entonces, y a pesar de todos los esfuerzos de los ecologistas y de todos los kiotos habidos y por haber, las cosas no han hecho más que agravarse. Ponemos como ejemplo una foto de Madrid, pero podía ser de un montón de ciudades del llamado mundo civilizado.

El velatorio

El año viejo ha muerto. Viva el año nuevo
 
-Españoles: el año ha muerto. Lástima que no esté Arias Navarro para anunciarlo por la tele con cara compungida.
-¿Y quién eres tú, dinos, que no te recordamos? –hubiera dicho Alberti.
-Yo soy el presente, el tiempo en el que lloran los vivos.
-No llore usted, Señora, total para lo que valía…-podía haberle dicho Luís Sánchez Polack a la viuda.
-¿A la viuda de quién?
-A la viuda del año.
-¿Y quién es la viuda del año, si puede saberse?